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Anticapitalistes
  
divendres 11 d’agost de 2017 | Manuel
La desocupación y otros problemas fundamentales de la clase obrera no se solucionan votando leyes, en tanto subsista el capitalismo.

Rolando Astarita

En varias entradas he planteado que es imposible eliminar la desocupación en tanto se mantenga la propiedad privada del capital (véase aquí y siguientes). He dicho que esto se desprende de la teoría de la explotación de Marx y de la experiencia histórica. Y agregué que los marxistas deben explicarlo a las masas. Claramente, lo escribí en crítica a lo que están haciendo en esta campaña electoral los candidatos del FIT y de Izquierda al Frente (al menos, la mayoría de ellos). Es que cuando hablan en la TV, o en los medios masivos, no dicen que en el marco de las relaciones capitalistas el ejército de desocupados siempre tiende a recrearse. Sí lo admiten en sus periódicos, pero no cuando se dirigen a la opinión pública en el sentido más amplio. Y no lo dicen porque si lo hicieran su discurso terminaría en la incoherencia. ¿Por qué? Pues porque es absurdo pedir el voto para que en el Parlamento se apruebe una ley para acabar con la desocupación, diciendo al mismo tiempo que es imposible acabar la desocupación con esa ley.

En otros términos, para responder a las críticas (y conservar el espíritu “rojo”) las organizaciones trotskistas admiten que la desocupación es inherente al capitalismo (aquí). Pero cuando sus candidatos van a los medios, disimulan la imposibilidad de acabar la desocupación en tanto subsista el capitalismo. Por eso el mensaje habitual en la TV y otros medios masivos es “en el Congreso vamos a proponer la ley del reparto de las horas de trabajo” y “la ley de prohibición de despidos”, para lo cual “te pedimos el voto”. El discurso de Del Caño es muy ilustrativo al respecto. Repito: lo que estoy planteando es que digan, pública y abiertamente, que la desocupación, en el sistema capitalista no se suprime votando candidatos de izquierda al Parlamento. Los diputados de izquierda ayudan a las luchas obreras y por las libertades, pero su acción parlamentaria siempre será impotente para torcer, en algún sentido fundamental, las leyes económicas del capitalismo.

Esta última idea está en la tradición del socialismo revolucionario. Por ejemplo, en Reforma o revolución, de Rosa Luxemburgo. En este libro explica, de forma sencilla y accesible para cualquier trabajador, por qué los sindicatos no pueden gobernar las leyes del capitalismo. Dice que no pueden controlar:

- la demanda de trabajo (que depende del nivel de producción);
- la oferta de trabajo, creada por la proletarización de las capas medias de la sociedad y la reproducción de la clase obrera;
- el nivel de productividad.

Esto significa que el valor de la fuerza de trabajo y el nivel de empleo dependen del sistema económico, no del sistema legislativo. O sea,la explotación, dentro del sistema de trabajo asalariado, no se basa en leyes parlamentarias. Por eso Rosa Luxemburgo dice que “…las relaciones fundamentales de la dominación de la clase capitalista no pueden transformarse mediante la reforma legislativa, sobre la base de la sociedad capitalista, porque estas relaciones no han sido introducidas por las leyes burguesas, ni han recibido forma legal” (énfasis agregado).

Este sencillo mensaje es vital en la lucha por la independencia de clase y contra las ilusiones en la democracia burguesa. Subrayo la idea: las relaciones fundamentales de dominación de clase no pueden transformarse mediante reformas legislativas. Debería llegar a la opinión pública, sin vueltas.

9/8/2017

rolandoastarita

+ Info:

Aclaración sobre un pasaje de Rosa Luxemburgo: la entrada de un socialista a un gobierno burgués no transforma al gobierno en socialista, sino al socialista en ministro burgués. Rolando Astarita

Rosa Luxemburgo y el control obrero. Rosa Luxemburgo critica la propuesta de Conrad Schimdt, un dirigente del ala de la socialdemocracia, vinculado a Bernstein. Según Schmidt (citado por Rosa Luxemburgo), las luchas políticas y sociales a favor de reformas posibilitarían un control social cada vez más amplio “sobre las condiciones de producción”, y por medio de leyes “se limitarían los derechos de la propiedad capitalista, convirtiendo a ésta poco a poco en simple administradora”. Así, junto a una gradual democratización política del Estado, se llegaría a una implantación también gradual del socialismo.


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