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Anticapitalistes
  
diumenge 8 de novembre de 2015 | Manuel
Kurdistan: ¿De apisonadora estalinista a mariposa libertaria? La evolución ideológica del PKK

Alex de Jong

El asedio de Kobane por parte del Estado Islámico (EI) y su defensa tenaz por fuerzas mayoritariamente kurdas atrajo la atención internacional sobre el PYD (Partiya Yekîtiya Demokrat, Partido de la Unión Democrática) del Kurdistán sirio. El PYD es la principal fuerza política kurda en gran parte del norte de Siria, donde tiene una gran influencia en tres enclaves o “cantones” de las zonas de mayoría kurda. En noviembre de 2013 estableció en esos cantones la administración transitoria de Rojava (Kurdistán Occidental). El objetivo declarado del proyecto Rojava es construir una sociedad liberada y democrática, con igualdad de derechos para las mujeres y en la que puedan convivir diferentes grupos étnicos y religosos. La inspiración ideológica de este proyecto proviene del pensamiento del PKK (Partiya Kerkerên Kurdistanê, Partido de los Trabajadores del Kurdistán), del Kurdistán turco, y de su dirigente Abdullah Öcalan. Entre comienzos y mediados de la década de 1990, el PKK libró una feroz guerra de guerrillas contra el Estado turco y hoy sigue siendo una fuerza significativa por sí mismo y a través de su influencia en otras organizaciones. Al principio, el PKK profesaba una ideología “marxista-leninista”, pero el movimiento experimentó después profundos cambios ideológicos, especialmente tras la captura de Öcalan en 1999. El PYD niega que existan vínculos organizativos con el PKK, pese a que fue creado por miembros sirios del PKK y se reclama de la misma ideología que el PKK actual.

En este artículo se analiza esta ideología y su evolución en varios aspectos clave. Las dos primeras partes comentan la orientación estratégica inicial del PKK y su parecido con otros movimientos de liberación nacional de la época. En la tercera parte se examina la idea de crear un “hombre nuevo”, una idea que pasó a situarse en el centro de la concepción del PKK sobre la sociedad futura por la que estaba luchando. Esta idea fue un rasgo distintivo del PKK: ocurre a menudo que activistas de este movimiento califican sus convicciones políticas como “la ideología de Öcalan”. La cuarta parte estudia el papel de Abdullah Öcalan como dirigente e ideólogo del movimiento. En la quinta parte se analiza otro rasgo característico del PKK: el papel que prevé para las mujeres y su liberación en el proceso de cambio social. Las dos últimas partes tratan de la evolución de las ideas del PKK en torno a la sociedad futura: su visión de una “civilización democrática” y su concepción cambiante del “socialismo”.

No se trata de escribir la historia del PKK, sino de examinar ciertas partes de su historia a fin de situar su evolución ideológica. Nos centraremos en la ideología “oficial” del movimiento, tal como figura escrita en las declaraciones de Öcalan y documentos del partido. El modo en que esta ideología se traduce a la política real en la base y cómo los activistas de base la interpretan son cuestiones que quedan fuera del alcance de este artículo. Imposible exagerar la influencia de Abdullah Öcalan en el PKK, y como afirma un antiguo miembro, “el PKK es en cierto modo idéntico a su fundador, Abdullah Öcalan” (Çelik, 2002: p. 37). Debido a este doble papel dominante de líder e ideólogo del movimiento, analizaremos extensamente las declaraciones y escritos del propio Öcalan.

Las raíces del PKK

El actual movimiento de liberación kurdo de Turquía hunde sus raíces en la radicalización de los años sesenta del siglo pasado. Tras un golpe de Estado protagonizado por oficiales “kemalistas progresistas” del ejército en 1960, se proclamó una nueva constitución que prometía el derecho al trabajo, un salario mínimo, el derecho de huelga y la libertad de asociación. En este marco, un grupo de sindicalistas e intelectuales progresistas fundaron el TIP (Turkiye Isci Partisi, Partido de los Trabajadores de Turquía), un partido que en 1965 obtuvo el 3% de los votos y 15 escaños en el parlamento. El TIP era un partido reformista que reintrodujo ideas socialistas que el Estado kemalista había declarado tabúes e incluso contrarias a la ley.

El TIP era contrario a las acciones combativas de los jóvenes activistas de extrema izquierda y sus raíces en la clase obrera no eran profundas. Sin embargo, sí contaba con un apoyo relativamente sólido entre los kurdos de Turquía. Las provincias kurdas de este país siempre han sido las más pobres, en parte debido a las políticas racistas del Estado que discriminaban a los kurdos. Hablar el idioma kurdo era delito, el uso de las letras x, q y w —que existen en el alfabeto kurdo, pero no en el turco— era punible, las publicaciones que mencionaban simplemente la palabra “kurdo” eran secuestradas y el Estado kemalista intentó asimilar a la minoría kurda por parte de la mayoría turca. A finales de la década de 1960, una serie de miembros kurdos del TIP comenzaron a discutir sobre los problemas específicos de la población kurda en el país. A raíz de esas discusiones nació la organización DDKO (Devrimci Doğu Kültür Ocakları, Corazones Culturales Revolucionarios del Este). La palabra “Este” era un eufemismo para evitar la represión estatal, puesto que toda mención de la mera existencia de los kurdos estaba prohibida.

Al mismo tiempo, Turquía asistía al crecimiento de una nueva izquierda combativa. En 1965 se constituyó la Federación de la Juventud Revolucionaria de Turquía (Turkiye Devrimci Genclik Federasayno, Dev-Genc). Los miembros de la Dev-Genc llevaron a cabo ocupaciones de universidades, se manifestaron contra la presencia de tropas de EE UU, organizaron actos de solidaridad con luchas obreras y combatieron a los fascistas en los campus y en las calles. Una parte del movimiento obrero también se radicalizó y en 1967 se formó la Confederación de Sindicatos Revolucionarios de Turquía (Tür-kiye Devrimci İşçi Sendikaları Konfederasyonu, DİSK) como alternativa de izquierda a la confederación sindical oficial. Los trabajadores también llevaron a cabo huelgas salvajes y ocupaciones de fábricas, mientras los campesinos ocupaban tierras. En plena efervescencia de este proceso de radicalización, a comienzos de la década de 1970 aparecieron los primeros grupos armados. Ins-pirados en la revolución cubana y el maoísmo, estos grupos veían en Turquía una “neocolonia” de EE UU y se concebían a sí mismos como combatientes por una revolución “nacional democrática” que acabara con la dominación imperialista sobre el país, trajera la verdadera independencia y abriera la vía a una segunda fase, socialista, de la revolución.

Abdullah Öcalan se inició a la vida política en estos círculos de extrema izquierda. Nacido en 1949 en el seno de una familia de campesinos pobres, Öcalan se crió en un entorno profundamente religioso y conservador. En 1966 fue a Ankara para estudiar en una escuela de formación profesional que prepa-raba a los alumnos para trabajar en las oficinas del catastro de tierras. En 1969 se licenció y consiguió un empleo, primero en Diyarbakir y al cabo de un año en Estambul. Poco antes de licenciarse, Öcalan empezó a interesarse por la política y a acudir a reuniones políticas, ingresando en DDKO y participando en manifestaciones de la juventud radical. En 1971, el ejército dio un nuevo golpe de Estado, esta vez con el propósito de acabar con el movimiento radical. El TIP fue prohibido y la organización DDKO desapareció cuando numerosos activistas huyeron del país. En 1972, Öcalan, quien para entonces había comenzado a estudiar ciencias políticas en Ankara, fue detenido durante una manifestación en solidaridad con militantes turcos que habían sido abatidos en un tiroteo con la policía. Öcalan fue condenado a siete meses y encerrado en la prisión militar de Mamak, junto con dirigentes de Dev-Genc y otros activistas radicales experimentados. La estancia en la cárcel lo radicalizó todavía más y los debates políticos a los que asistió dejaron en él una honda impresión. Cuando recobró la libertad, el régimen golpista había logrado acabar con muchos grupos radicales.

Öcalan no se sentía a gusto en ninguno de los grupos existentes, fueran kurdos o turcos. La izquierda radical turca, más o menos influida por el nacionalismo kemalista y la teoría de la revolución por etapas, tendía a pasar por alto la opresión de los kurdos e incluso negaba que ello fuera un problema. Estos grupos argumentaban que puesto que la propia Turquía era una nación oprimida, el Estado turco no podía practicar políticas imperialistas como la opresión nacional de los kurdos. Aunque muchos militantes de izquierda turcos reconocían que existía una opresión específica de los kurdos, la contemplaban como una cuestión que no se podía abordar hasta después de una revolución nacional democrática que liberara a Turquía del imperialismo. En 1975, el movimiento nacionalista kurdo tradicional sufrió un duro golpe con la derrota en Iraq de la guerrilla dirigida por el mulá Mustafá Barzani (padre del actual presidente de la región kurda iraquí, Masud Barzani). Barzani se había aliado con EE UU, Israel e Irán contra el Estado iraquí, pero sus aliados lo abandonaron después de que Bagdad hiciera concesiones a Teherán.

Öcalan llegó a la conclusión de que la izquierda turca no podía abanderar la lucha de los kurdos, como tampoco lo podían hacer nacionalistas tradicionales como Barzani, quien buscaba apoyos en el exterior. Los kurdos tendrían que luchar por sí mismos, como tales. Öcalan se puso a crear su propio grupo, que hizo suya la noción rompedora del sociólogo turco İsmail Beşikçi de que el “Kurdistán” era una colonia internacional, ocupada por Turquía, Irán, Siria e Iraq. A partir de 1975, el grupo de Öcalan lanzó una campaña de agitación con el nombre de Revolucionarios Kurdos (Soresgeren Kurdistan, SK). Muchos miembros del núcleo fundador tenían rasgos comunes con Öcalan: jóvenes kurdos de procedencia rural y de familias pobres que se habían radicalizado siendo estudiantes. Se trataba de una capa social muy distinta de la de la familia acomodada de Barzani o de los estudiantes urbanos que desempeñaban un papel importante en la izquierda turca. Los SK no eran exclusivamente kurdos, pues en sus filas militaban también una serie de activistas turcos para quienes la liberación de Kurdistán era una condición necesaria para la revolución en Turquía.

A diferencia de otros grupos de izquierda, los SK decidieron no gastar recursos en publicaciones, sino que se dedicaban a reclutar mediante intensas discusiones cara a cara. Esta labor se centró en kurdos de origen pobre, muchos de ellos analfabetos procedentes del medio rural que se habían trasladado a las ciudades en busca de empleo. Otra característica de los SK era su deseo de utilizar la violencia contra grupos como los fascistas de los Lobos Grises. Esto permitió a los SK ganarse cierto respeto y poder de atracción entre la juventud radicalizada, viniendo a suplir la falta de un líder conocido y de medios económicos. Esta combatividad atrajo a muchos kurdos que eran conscientes de que el Estado turco no permitiría que los kurdos se autoliberaran con medios no violentos y que, tras la derrota del nacionalismo tradicional de Barzani, estaban buscando una alternativa. El antiguo miembro del comité central del PKK, Mehmet Can Yüce, explicó más tarde esta radicalización:

Eres una nación colonizada y luchas por tus derechos. Puedes publicar revistas y crear asociaciones y acceder al parlamento; en suma, puedes operar dentro de los límites fijados por el Estado, pero el problema es que el Estado declara ilegal el empleo de la palabra “kurdo” y por tanto no te dejará hablar de un lugar llamado Kurdistán. Pronunciar esas palabras es delito, es separatismo, motivo más que suficiente para detenerte, torturarte y meterte en la cárcel durante años. Así que ¿qué es lo que mantiene a esta nación reprimida? La fuerza. El ejército, la policía, la gendarmería, las contraguerrillas, la extrema derecha del Partido de Acción Nacionalista. En un país como este, en el que la maquinaria represiva está tan organizada y afianzada, solo te queda una vía, que es la de usar la fuerza para responder con la fuerza (Bellaigue, 2009).

Pocos años después, los SK se habían ganado cierto apoyo en varias de las grandes ciudades de las regiones kurdas. En 1977, el grupo se reorganizó y adoptó el nombre de Partido de los Trabajadores de Kurdistán (Partiya Karke-ren Kurdistan, PKK). El manifiesto que adoptó, La vía de la revolución kurda, se parece mucho a las declaraciones de otros movimientos de liberación nacional de tinte “marxista-leninista” de la época. En 1977 redactó su primer programa, que en gran parte resumía las ideas expresadas en el manifiesto. En estos documentos se declara que el objetivo inmediato del PKK es una revolución “nacional democrática” que conduzca a un “Kurdistán independiente y democrático”. Rechaza con firmeza toda opción distinta de la creación de un Estado nacional kurdo; el programa original llamaba a denunciar las actitudes “capituladoras”, que no aspiran a deshacerse del yugo colonial de la república turca y proponen cosas como la “autonomía regional” y otras por el estilo, que en esencia no son más que una “componenda con el colonialismo”. El programa llama a una “lucha decidida” contra semejantes ideas (PKK, 1984: pp. 45-49).

La revolución tomará la forma de una lucha armada prolongada o “guerra popular” basada en el campesinado. La dirección de la revolución incumbe a la “clase obrera” bajo el liderazgo del PKK. Es necesario quebrar el poder de los líderes “feudales” de la sociedad kurda, pues son los representantes del colonialismo. El campesinado y la pequeña burguesía urbana son los dos principales aliados de la clase obrera. No existe una “burguesía nacional” kurda porque el colonialismo no ha permitido que se desarrollara como clase. Los aliados internacionales de la revolución son los “países socialistas”, los partidos obreros de los países capitalistas y los “movimientos de liberación de los pueblos oprimidos del mundo”. Sus enemigos son el Estado turco, sus “colaboradores nativos feudales” y las “potencias imperialistas que los sostienen”. Tras la “revolución nacional democrática”, la lucha se transformará “sin solución de continuidad”, en una revolución socialista. Este manifiesto, junto con el símbolo del partido —una bandera roja con la hoz y el martillo— se mantendrán hasta el quinto congreso del partido en 1995.

Está claro que los documentos reflejan una profunda influencia de las ideas maoístas, aunque no incluyen la caracterización de la Unión Soviética como potencia “socialimperialista”. Los partidos gobernantes tanto de la URSS como de China son criticados por practicar políticas “revisionistas”. En general los “países socialistas realmente existentes” se consideran aliados de la revolución kurda, pero ninguno de sus partidos gobernantes es aceptado como guía. El ideólogo del PKK, Mehmet Can Yüce, se burlaría más tarde de los grupos de izquierda turcos que buscaban una “Meca” en Moscú, Tirana o Pekín.

El PKK no era por entonces el único grupo de izquierda kurdo que adoptó este marco referencial, como tampoco fue el único en proclamar la necesidad de la lucha armada. De hecho, otros grupos de la época, como el Partido Obrero de Vanguardia de Kurdistán (PPKK, Partiya Pêşenga Karkerên Kurdistan) y el Partido Socialista del Kurdistán Turco (TKSP, llamado Özgürlük Yolu o “Sendero de Libertad”), estaban más implantados y hacían declaraciones similares. Una diferencia menor con respecto a otros grupos de la época era el lenguaje recargado de los documentos fundacionales del PKK, donde la liberación de Kurdistán era calificada de tarea “sagrada” y se decía que “nuestro Movimiento… entiende que dirigir a nuestro pueblo con medios ideológicos, organizativos y políticos es una tarea sagrada e histórica” y que “vivir de espaldas a la Revolución de Kurdistán no sería distinto de vivir como un animal” (Özcan, 2006: p. 86).

Guerra popular

Una diferencia más importante radicaba en que el pequeño grupo formado principalmente por jóvenes que era el PKK al principio hizo efectivamente de la organización de la lucha armada una tarea inmediata, mientras que los demás grupos declaraban que la lucha armada vendría tras una fase de construcción de las bases de apoyo político a la misma. Hablando de los líderes de los demás grupos de izquierda kurdos de finales de la década de 1970, líderes que habían criticado a menudo al PKK y a su dirigente por su falta de elaboración ideológica y de experiencia política, Öcalan declaró en 1996:

Yo me guiaba por un principio: ¿por qué decidí iniciar esta guerra y creer en ella? Porque el que más se prostituye es aquel que no lucha. Eso fue lo que me dije al comienzo de todo, y yo me moldeé a mí mismo para creerlo. Todos esos hombres de los grupos kurdos que decían abrazar la causa nacional eran deshonestos. ¿Por qué? Porque, decía yo, se prostituyen más que una prostituta. Yo me decía que no sería igual que ellos, que yo lucharía por objetivos más nobles (Özcan, 2006: p. 89).

La disposición del PKK a tomar las armas y su capacidad de llevar a cabo acciones violentas atrajo a muchos kurdos oprimidos. Fue durante la guerra subsiguiente cuando se construyó realmente el PKK. La venganza pasó a ser un tema importante de la concepción de sí mismo del PKK a lo largo de las décadas de 1980 y 1990, a medida que la guerra se intensificaba y el Estado trató de aterrorizar a los kurdos para someterlos. Un folleto de 1985 declaró incluso que el PKK era una “organización de venganza revolucionaria” y señaló que “los sermones seudosocialistas no nos ayudarán más que los sermones religio-sos que han venido a reemplazar. La violencia… en Kurdistán no solo será la comadrona que facilite el parto [de una sociedad nueva], sino que creará todo de nuevo. La violencia revolucionaria ha de desempeñar este papel, y a nuestro entender adoptará la forma de venganza revolucionaria” (Bruinessen, 1988).

La composición de clase del PKK era diferente de la de los demás grupos. En palabras de Martin van Bruinessen, experto en Kurdistán, el PKK era “la única organización cuyos miembros procedían casi exclusivamente de las clases sociales más bajas, la juventud desarraigada de bajo nivel educativo de los pueblos y ciudades pequeñas, que sabía lo que significa estar oprimido y quería acción en vez de sofisticación ideológica” (Bruinessen, 1988: pp. 40-41). “[L]as elites tribales están representadas en otros partidos, pero no en el PKK. Este partido representa a los sectores más marginales de la sociedad kurda” (Bruinessen, 1988: p. 42).

El PKK combatió primero a la elite tradicional kurda, los agas o terratenientes “feudales” que controlaban pueblos enteros con ayuda de sus seguidores y a menudo cooperaban estrechamente con el Estado turco. El PKK se puso del lado de los campesinos rebeldes y perdió docenas de miembros en los choques con las milicias de los terratenientes. La elección de los objetivos por parte del PKK, sin embargo, no se basaba en el antagonismo social, sino en la política de los agas: si se oponían al movimiento nacional o no. Al mismo tiempo hubo enfrentamientos entre diversos grupos de izquierda turcos y kurdos: “El PKK era al principio relativamente insignificante entre [las organizaciones rivales] y solo se dio a conocer por el hecho de ser el más violento” (Bruinessen, 1999: p. 10). En los combates entre distintos grupos rivales murieron docenas de militantes, y el PKK era tanto el iniciador como la víctima de esa violencia.

Cuando en 1980 el ejército turco dio otro golpe de Estado, el PKK ya era el principal partido kurdo de Turquía. Tras el golpe fueron arrestados decenas de miles de activistas. La izquierda turca, que en los años anteriores se había convertido de nuevo en una fuerza significativa, fue en gran medida incapaz de resistir la represión. A finales de 1983 todavía quedaban 40.000 presos políticos que eran sometidos rutinariamente a brutales torturas. Entre estos presos había miles de seguidores y miembros del PKK. Muchos de ellos continuaron la lucha en el interior de las cárceles, protagonizando huelgas de hambre indefinidas que costaron la vida a dirigentes del partido, o suicidándose en señal de protesta. Los muertos se convirtieron a ojos del movimiento en mártires de la causa y su sacrificio reforzó el prestigio de los miembros del PKK como revolucionarios tenaces.

El propio Öcalan se salvó de la represión; poco antes del golpe había ido a Siria y desde allí se trasladó a Líbano. En este país se puso en contacto con el Frente Democrático de Liberación de Palestina (FDLP) y más tarde con otros grupos palestinos, como el Frente Popular de Liberación de Palestina (FPLP) y Al Fatah. Abu Laila, un dirigente del FDLP, diría posteriormente sobre Öcalan: “Conocimos a otros kurdos de Turquía y no nos parecieron gente de fiar. Este hombre parecía serio. No pedía ayuda [militar o económica]… sino únicamente enviar voluntarios… para entrenarlos de cara al futuro. Esta gente resultó ser realmente seria, verdaderos combatientes, soldados de verdad. Estaba claro que [Öcalan] contaba con cierta base popular en Kurdistán” (Marcus, 2007: p. 55) . Los palestinos impartieron un valioso entrenamiento militar y organizativo a los kurdos, pero los miembros del PKK recibieron su formación ideológica al margen de los demás grupos. El PKK se unió a los palestinos en la lucha contra el ejército israelí cuando este invadió Líbano en 1982.

Pocos años después, el PKK lanzó su guerra popular. Öcalan se había puesto en contacto con el régimen sirio y obtuvo permiso para instalarse en Damasco. El PKK abrió un campo de entrenamiento en la parte de Líbano controlada por los sirios. En 1982, el PKK cerró un acuerdo con el principal grupo rebelde kurdo de Iraq, el Partido Democrático de Kurdistán (KDP) de Barzani, que le permitió instalar campamentos cerca de la frontera turca. Desde allí, el PKK empezó a lanzar acciones armadas puntuales en la parte turca de Kurdistán y campañas de agitación entre las comunidades rurales de la región fronteriza. Su primera acción de gran envergadura se produjo en 1984, cuando atacó varios cuarteles militares y tomó temporalmente el control de varios pueblos. Combatientes del PKK distribuían panfletos en que declaraban que su objetivo era “la lucha de nuestro pueblo por la independencia nacional, una sociedad democrática, libertad y unidad, bajo el liderazgo del PKK, contra el imperialismo, el fascismo colonial turco y sus lacayos locales”. Al mismo tiempo, el PKK llamaba a “los revolucionarios y los trabajadores de Turquía”, señalando que “cualquier golpe del HRK [el brazo armado del PKK] contra el fascismo colonial es un golpe contra el fascismo en Turquía” (Brauns y Kiechle, 2010): p. 55). Sin embargo, la cooperación entre el PKK y la izquierda radical turca chocó con muchas dificultades. El golpe militar había diezmado a la izquierda turca y el PKK trataba de dominar cualquier alianza so pretexto de que la izquierda turca se había mostrado incapaz de encabezar una revolución. Esta pretensión ahuyentaba a los potenciales aliados.

La teoría de la revolución del PKK de la época estaba muy influida por la concepción maoísta de la guerra popular prolongada. En esta estrategia, la lucha armada es el principal instrumento para la toma del poder. La lucha armada se basa en el medio rural y la mayoría de los combatientes se reclutan en las filas del campesinado. Dirige la lucha el partido que supuestamente representa la dirección “proletaria” y que mantiene el socialismo como objetivo, pese a que la estrategia apunta primero a una etapa “nacional democrática”. La guerra popular comienza con ataques guerrilleros puntuales y avanza a través de varias etapas de enfrentamientos cada vez más intensos, pasando de la “defensa estratégica”, en la que los rebeldes se limitan a breves ataques y se retiran inmediatamente de nuevo, a una segunda fase, durante la que las fuerzas gubernamentales son empujadas a posiciones defensivas mientras el partido extiende su influencia política. Al final, la guerrilla reúne fuerzas y armas suficientes para entablar la guerra convencional y enfrentarse al enemigo en una serie de batallas decisivas. Hasta mediados de la década de 1990, Öcalan y el PKK mantuvieron este marco estratégico con un Kurdistán independiente como objetivo.

Dos elementos que diferencian al PKK temprano de otros movimientos similares estribaban en su evaluación de la historia de la Internacional Comunista y de la relación entre el partido y el ejército guerrillero. En sus documentos primerizos, el PKK ya criticó agriamente a la URSS de comienzos de la década de 1920 y a la Komintern por su apoyo crítico al kemalismo. A comienzos de 1920, Mustafá Sufi, fundador del Partido Comunista Turco (TKP), fue asesinado, junto con una docena de camaradas, por nacionalistas de extrema derecha. La masacre ocurrió con la aprobación tácita de Mustafá Kemal Atatürk, pero no impidió la firma del tratado de hermandad entre la Gran Asamblea Nacional de Turquía, bajo el liderazgo de Atatürk, y la URSS, el 16 de marzo de 1921. Las declaraciones del PKK criticaban al TKP de entonces y a la Komintern, no solo por hacerse ilusiones con respecto al potencial democrático del kemalismo, sino que también acusaban a la Komintern de desconocimiento de la situación sobre el terreno y a la dirección soviética de priorizar la seguridad nacional de la URSS por encima de los principios internacionalistas y antiimperialistas. Esta apreciación crítica de la joven URSS no la compartían muchos partidos “marxistas-leninistas”, que solían tomar las declaraciones de los soviéticos como sagradas escrituras.

Más tarde, tras la implosión de la URSS, el PKK intentaría formular una crítica más exhaustiva del “modelo” soviético, pero no llegó a profundizar mucho: echó la culpa de las decisiones equivocadas de la dirección a las deficiencias democráticas y a la prioridad otorgada a los intereses de Estado por encima de los de sus ciudadanos, pero no explicó por qué dichos errores pudieron convertirse en una política práctica durante décadas.

Otro elemento que diferenciaba al PKK fue el hecho de que se tratara de un “partido guerrillero”. En vez de adoptar el modelo maoísta, que establece una clara distinción entre el ejército y el partido que lo dirige (Mao: “Nuestro principio es que el Partido manda sobre el fusil y que no hay que permitir jamás que el fusil mande sobre el Partido”), ambas organizaciones estaban mezcladas. En el PKK se esperaba de los combatientes que abandonaran totalmente su vida anterior y se dedicaran exclusivamente a su nueva vida como guerrilleros. Asimismo, los cuadros que no tenían ninguna responsabilidad militar debían estar dispuestos a trasladarse en cualquier momento a las bases de la guerrilla en la montaña. De acuerdo con Duran Kalkan, un dirigente del PKK, “esto no solo era útil en la vertiente militar, pues todavía más importante era su significado ideológico y moral” (Brauns y Kiechle, 2010: p. 57). Refiriéndose al congreso del partido de 1986, Kalkan describe este significado con estas palabras:

Esta guerrilla supone una ruptura ideológica total con el orden establecido, pues rompe hasta cierto punto con el sistema jerárquico del Estado y del poder. De ahí que el tercer congreso comportara una profunda renovación ideológica con respecto a la concepción del socialismo realmente existente: se superó la línea del socialismo realmente existente de la pequeño-burguesa igualdad de derechos y libertades individuales y familiares. Esta medida también tiene consecuencias en el seno de la sociedad, donde reclama cambios que acercan la libertad y la igualdad. Destruye la vida familiar individual.

Creación del “hombre nuevo”

Kalkan aborda el elemento más distintivo del pensamiento del PKK de las décadas de 1980 y 1990: su ambición de crear un “hombre nuevo”, caracterizado por cierta personalidad. El tema de la “personalidad” de los kurdos ya apareció en los textos de Öcalan de comienzos de los años ochenta y sigue siendo un aspecto importante de su ideología. De acuerdo con Öcalan, existe una “mentalidad kurda” metafísica, una determinada “composición de la psique kurda”. Öcalan sigue sosteniendo que “muchas de las cualidades y características atri-buidas a los kurdos y su sociedad actualmente ya pueden observarse en las comunidades neolíticas de las cordilleras ciscaucasianas, es decir, la región que denominamos Kurdistán” (Öcalan, 2011: p. 21). Sin embargo, los kurdos se han alienado de su “verdadera” identidad a causa de los esfuerzos del Estado turco por asimilar a los kurdos y de las estructuras sociales tradicionales, que Öcalan califica de “feudales”.

Se esperaba que los miembros del PKK se reformaran mediante la crítica y autocrítica y el trabajo duro, liberándose a sí mismos de sus visiones y ac-titudes aprendidas en su “vida anterior” y remodelándose para convertirse en “hombres nuevos”. El periódico del partido, Serxwebûn, describe el objetivo en estos términos:

El hombre nuevo no bebe, no cae en el vicio del juego, nunca piensa en su propio placer o confort personal y no hay nada femenino en su modo de ser; quienes se mostraran (en el pasado) indulgentes con tales actividades extirparán como con un bisturí esos hábitos tan pronto se hallen entre los hombres nuevos. La filosofía y moralidad del hombre nuevo, su manera de estar sentado o de pie, su estilo, su ego, su actitud y sus reacciones [tepki] son suyos, exclusivamente suyos. La base de todas estas cosas radica en su amor por la revolución, la libertad, el país, el socialismo, un amor tan sólido como una roca. El hombre nuevo se crea aplicando el socialismo científico a la realidad de nuestro país (Grojean, 2012: p. 4).

En un texto de 1983, “Sobre la organización”, Öcalan comenta el papel de la organización política, citando a Marx, Engels, Lenin, Giap y Che Guevara. Al igual que otros textos del PKK y Öcalan de la época, la mayor parte de lo que dice es muy parecido al resto de la izquierda radical kurda y turca, pero “la parte sustancial y distintiva del argumento en este documento se refiere a la ‘reorganización del conjunto de la sociedad’. En vez de estructurar un ‘partido marxista-leninista de la clase obrera’, propone una reorganización global, pues la sociedad kurda ha sido víctima de un ‘programa deliberado de desorganización de arriba abajo, aplicado por los colonialistas turcos’” (Özcan, 2006: p. 91). La reorganización de la sociedad kurda “de arriba abajo” implicaría crear una nueva identidad y personalidad kurda.

Gradualmente, nociones como “humanización”, “socialización’ y “personalidad liberada” sustituyeron a los conceptos marxistas de clases y lucha de clases. Cuando en los escritos recientes de Öcalan aparecen referencias a clases sociales, se trata más bien de sinónimos de adversarios políticos (“feudales” para calificar a los caciques kurdos, “pequeño-burgueses” para los grupos kurdos ajenos al PKK), cuya característica determinante es a menudo su personalidad “distorsionada” o “enferma”. Una y otra vez, Öcalan ataca las personalidades “enfermizas” de quienes están en desacuerdo con él.

El congreso de 1995 del PKK marcó una renovación ideológica. El tema de la creación de un “hombre nuevo” se incorporó oficialmente a la ideología partidaria y el nuevo programa definió este objetivo como “una personalidad que, con gran capacidad de previsión, buen entendimiento y gran esfuerzo y decisión, trata de superar cualquier obstáculo y hacer que lo negativo se vuelva positivo; una personalidad cuya firmeza de voluntad fascina en todas las circunstancias y que en la lucha por el desarrollo de la humanidad, sin buscar ventajas personales, está dispuesta a entregar incluso su propia vida” (Brauns y Kiechle, 2010: p. 84). La “socialización de la gente” se declaró ahora un elemento esencial del socialismo (PKK, 1995).

La creación del hombre nuevo ocupaba un lugar central en la crítica que el PKK trató de formular con respecto al “socialismo realmente existente” después de su colapso y en la nueva visión del socialismo que intentó elaborar. Desde luego no lamentó el hundimiento del bloque soviético: “El colapso no nos duele tanto, más bien experimentamos una sensación de alivio”, declaró Öcalan en 1992 (Brauns y Kiechle, 2010: p. 76). El programa de 1995 definió el “socialismo realmente existente” como “la fase inferior y más brutal del socialismo” y explica sus deficiencias de este modo:

En el aspecto ideológico, una caída en el dogmatismo, el materialismo vulgar y el chovinismo de la Rusia imperial; en el aspecto político, un centralismo extremo, la congelación de la lucha de clases democrática y la defensa de los intereses del Estado como único factor decisivo; en el aspecto social, la restricción de la vida libre y democrática de la sociedad y el individuo; en el aspecto económico, el predominio del sector público y la no superación de la sociedad de consumo que imita a países extranjeros; finalmente, en el aspecto militar, la prioridad dada al ejército y al armamento por encima de todos los demás ámbitos.

La manera en que el PKK pensaba que podían evitarse todos estos defectos en un nuevo socialismo pasaba por la creación del hombre nuevo.

A mediados de los años noventa, el PKK subrayó sus diferencias con el socialismo realmente existente al intentar formular su propia ideología distintiva. En 1993, Öcalan dijo que cuando el PKK hablaba de “socialismo científico”, no se refería al marxismo, sino a su propia ideología peculiar de un “socialismo” que supuestamente “va más allá de los intereses de los Estados, las naciones y las clases” (Brauns y Kiechle, 2010: p. 77). Simbólicamente, el congreso de 1995 eliminó la hoz y el martillo de la bandera del partido: “En el socialismo realmente existente, el martillo y la hoz solo simbolizaban a la clase obrera y al campesinado, y con esto también son una expresión del socialismo realmente existente. La nueva concepción del socialismo abarca al conjunto de la humanidad” (Yüce: p. 61). La afirmación de que lucha por el “conjunto de la humanidad” sigue siendo un tropo frecuente en las declaraciones del PKK y del PYD.

La alternativa del PKK al modelo soviético fracasado era un socialismo del hombre nuevo: la creación de esa nueva personalidad era el objetivo del socialismo y la única garantía de que incluso después de una revolución la sociedad no recaiga en el capitalismo o el fascismo. Este “socialismo” no era una vía para organizar a la sociedad en “una asociación de seres humanos libres que trabajan con medios de producción comunes”, como lo formuló Marx, sino para crear determinadas personalidades. De ahí que en un texto de este periodo, escrito por Mehmet Can Yüce, que por lo demás es un estricto “marxista-leninista”, se pueda hablar también del “socialismo que se ha hecho realidad en el partido” (Yüce: p. 79; el subrayado es nuestro), como ocurre también en el programa de 1995 (PKK, 1995). Yüce escribe: “Si el socialismo no predomina en la personalidad del individuo y en las relaciones en el seno de la organización, no puede progresar en la sociedad o respectivamente en el sistema social” (Yüce: p. 79).

La idea de los individuos que “remodelan” su personalidad para convertirse en revolucionarios no es exclusiva del PKK. En el Partido Comunista de Filipinas, de tendencia maoísta, era un tema recurrente que para convertirse en verdaderos revolucionarios proletarios, los miembros del partido debían “remodelarse” y liberarse de los llamados hábitos “pequeño-burgueses”. Sin embargo, el PKK fue mucho más lejos: no solo quería que las personas fueran buenos militantes del partido, sino que cambiaran toda su personalidad. La idea de crear un hombre nuevo trae a la memoria el escrito del Che Guevara sobre el socialismo y la personalidad humana o el discurso soviético sobre el hombre nuevo socialista. La diferencia crucial estriba en que el PKK afirmaba que ya estaba creando este hombre nuevo antes de la revolución y en que a base de voluntad y duro trabajo el “superhombre” socialista se crearía en las bases del PKK.

Este socialismo del hombre nuevo no solo fue arrinconando gradualmente el socialismo como sistema socioeconómico, sino que algo parecido ocurrió con las declaraciones del PKK sobre la autodeterminación de los kurdos. En la segunda mitad de la década de 1980, el PKK proclamaría cada vez menos el objetivo de un “Kurdistán independiente y unido” y hablaría más a menudo de un “Kurdistán libre”, una fórmula que introduce una mayor ambigüedad en torno al objetivo político. Términos como “libertad” e “independencia” pasaron a emplearse cada vez más para hablar de objetivos individuales, “espirituales”, en relación con la nueva personalidad y no con el Estado propio. Este tema cobró fuerza especialmente en la declaración de Öcalan ante el tribunal en 1999, publicada parcialmente bajo el título de Declaración sobre la solución democrática de la cuestión kurda y en los escritos desde la prisión. En estos textos, Öcalan señala que ya antes de que fuera encarcelado utilizaba términos como “libertad” y “autodeterminación” sobre todo para referirse a los individuos y no a los pueblos. Llegó a afirmar incluso que el PKK nunca fue secesionista, lo que se contradice con la vehemente insistencia desde 1978 en que cualquier cosa que no fuera un Kurdistán independiente (especificando que era el que se hallaba ocupado por Turquía, Irán, Iraq y Siria) sería una traición. Pese a las demás innovaciones ideológicas, el programa de 1995 insistía en que un Estado independiente kurdo era el objetivo final del movimiento.

A partir de 1993, cuando el PKK ofreció un alto el fuego al Estado turco, Öcalan empezaría a hablar de un arreglo político del conflicto y declaró que la separación del Estado turco no era una condición necesaria para dicho arreglo. Sin embargo, esto no excluía la posibilidad de que un Estado kurdo independiente (y “socialista”) siguiera siendo el objetivo final, por el que se pudiera luchar con medios distintos de la lucha armada. Sin duda fue esta la lectura que hicieron muchos miembros y simpatizantes del PKK de dichas declaraciones. Cuando, poco antes de su captura, Öcalan declaró que sería posible una “alternativa democrática” sobre la base del reconocimiento por Turquía de la identidad kurda, con

un parlamento federado dentro de las fronteras existentes de Turquía, estaba contradiciendo el programa oficial del PKK. Cuando en 1999 Öcalan negó insistentemente en su alegato de defensa el objetivo de un Estado kurdo, incluso a largo plazo, miles de simpatizantes del PKK dejaron desilusionados el partido (Marcus, 2007: p. 291).

Serok Apo

En la década de 1980, Öcalan consolidó su control sobre el movimiento. Tras una lucha por el poder a comienzos de la década, que concluyó con la muerte o la huida de sus rivales, “Apo”, un diminutivo de Abdulah que significa “tío” en kurdo, se hizo con las riendas de la organización. Oficialmente, el presidente del partido, Serok Apo (líder Apo) no solo pasó a ser el dirigente político, sino también el comandante militar, el “filósofo” del movimiento y una figura profética. “Una persona representa la nueva postura erguida, prácticamente la resurrección de una nación. Mi función es, en efecto, la de un profeta que habla a un pueblo esclavizado y oprimido sin piedad” —declaró Öcalan en 1992—. “Hemos de luchar nosotros mismos por nuestra libertad. Yo simbolizo esta lucha” (Brauns y Kiechle, 2010: p. 66). Las publicaciones ideológicas del PKK se reducen casi totalmente a escritos de Öcalan. Únicamente unas pocas figuras destacadas, aparte de él, publicaron libros, en muchos casos memorias. En las reuniones del partido, Öcalan pronunciaba discursos, sin utilizar notas, que duraban horas y después se transcribían y publicaban en forma de libros, e incluso se grababan conversaciones telefónicas para “estudiarlas”. En la jerga del PKK, las declaraciones de Öcalan se denominan “análisis” (çözümlemeler).

Todos los miembros del PKK debían dedicarse enteramente al partido, lo que en la práctica implicaba la plena dedicación a Abdullah Öcalan. Al propio Öcalan lo llamaban Önderlik (dirección), “guía” e incluso “sol”. En un relato más bien proclive de su experiencia en la guerrilla del PKK, la internacionalista alemana Anja Flach escribió: “La dirección del partido (es decir, Öcalan) es una institución; no representa al partido, él es el partido” (Flach, 2011: p. 19). Un autor que conoció a Öcalan como dirigente en ese periodo escribió más tarde: “Öcalan no estaba dispuesto a compartir su autoridad. Exigía sumisión total a su persona por parte de quienes le rodeaban y se mostraba implacable con esto” (Çelik, 2002: p. 47).

Cualquier oposición a Öcalan y sus decisiones era imposible y el PKK pagaría un precio muy elevado por este hecho, ya que su fortuna en el campo de batalla declinó. A finales de la década de 1980 y comienzos de la de 1990, el ejército turco estaba adquiriendo más experiencia en la lucha contra la guerrilla y utilizaba equipos sofisticados como gafas de visión nocturna de procedencia israelí y helicópteros de combate de EE UU. Además, el Estado turco atacaba cruelmente a la población civil que apoyaba al PKK o en general defendía los derechos de los kurdos. Entre 1984 y 1999 murieron asesinadas hasta 40.000 personas. Según el ejército turco, sus bajas ascendieron a 6.500 soldados hasta 2008 y las del PKK sumaron 32.000 combatientes, pero estas cifras no merecen crédito. Según el PKK, sus propias bajas fueron muchas menos, pero el número total de víctimas mortales del conflicto debió de ser mucho mayor.

Ambos bandos, pero sobre todo el Estado turco, atacaban a civiles sospechosos de ayudar al enemigo. De acuerdo con la asociación turca de derechos humanos IHD, la Jandarma İstihbarat ve Terörle Mücadele (JİTEM), una rama de la gendarmería turca que oficialmente ni siquiera existía, estuvo implicada en 5.000 asesinatos no esclarecidos de periodistas, intelectuales, activistas políticos y defensores de los derechos humanos, siendo responsable de 1.500desapariciones”. Los servicios de inteligencia turcos también cooperaban con milicias de extrema derecha e islamistas que causaron miles de muertes, en su mayoría de civiles. A finales de la década de 1980, el ejército turco comenzó a trasladar por la fuerza a los habitantes de aldeas kurdas para aislar a la guerrilla de sus bases de apoyo civiles. Los cálculos del número de personas desplazadas oscilan entre 275.000 y 2 millones. Con gran parte de su apoyo civil neutralizado y sometido a ataques cada vez más contundentes, el PKK comenzó a sufrir reveses militares a mediados de la década de 1990.

No obstante, Öcalan se negó a hacer caso de las advertencias de los comandantes de campo e insistió en que pasaran a la ofensiva. Una declaración de 1994 afirma que “la lucha que libra el PKK ha dejado atrás la etapa de la defensa estratégica […]. Es inevitable que escalemos el combate en respuesta a la declaración de la guerra total por parte de Turquía”. Los reveses no se achacaron a las instrucciones erróneas de “la dirección”, sino a la incapacidad de los comandantes de ponerlas en práctica correctamente. Flach describió sesiones de “crítica y autocrítica” a las que asistió: “Los fallos se achacan ante todo a la personalidad de los comandantes y los combatientes. Las estructuras de la vida antigua [de antes de la guerrilla] siguen vigentes, las actitudes y visiones feudales o pequeño-burguesas no se han superado y justamente esto se considera el principal obstáculo a la aplicación de las ideas del partido” (Flach, 2011: p. 20). Lo que no se ponía en duda era la validez de esas mismas ideas.

La idea del PKK de crear el “hombre nuevo” era un medio poderoso de control, ya que el ideal incluía la obediencia ciega y toda crítica de la “dirección” se consideraba una prueba de la incapacidad de alcanzar ese objetivo. Öcalan era más que un líder destacado o siquiera imprescindible, él mismo, su persona, se erigió en figura indispensable para la liberación del pueblo kurdo. Como señaló un observador crítico sobre su función: “El ‘es’ la llave de la liberación, no tan solo el que la posee” (Grojean, 2012: p. 9). Esto explica también por qué Öcalan siguió siendo el líder del movimiento incluso después de su captura.

En 1998, Turquía amenazó a Siria con declararle la guerra si continuaba dando cobijo al líder del PKK. El régimen sirio ordenó a Öcalan salir del país, cosa que este hizo en octubre de 1998. Durante 130 días estuvo migrando de un país a otro para pedir asilo. Intensificó sus llamamientos a un arreglo polí-tico y declaró que el PKK aceptaría una “república democrática”, una Turquía unida que garantizara la libertad de expresión de los kurdos y reconociera la presencia de una minoría kurda. Öcalan dijo que el PKK estaba dispuesto a entregar las armas si se cumplían esas condiciones. En febrero de 1999, Öcalan fue capturado por agentes turcos.

Una revolución de las mujeres

Ya en su primer programa, el PKK pedía la igualdad entre hombres y mujeres en todos los ámbitos políticos y sociales, aunque en realidad no se trataba nada más que de un lugar común entre otros, casi como la implantación de la jornada de 8 horas, a ser posible. Ese mismo programa declaraba que la opresión nacional de los kurdos era la “contradicción principal” contra la que el partido debía luchar. En 1987, el partido organizó la Unión de las Mujeres Patrióticas de Kurdistán (Yekitiya Jinen Welaparezen Kurdistan, YJWK). Al igual que las organizaciones de mujeres de otros tantos partidos marxistas-leninistas, su intención original era facilitar la participación de las mujeres en el partido, pero también proporcionar un espacio en el que se tratasen las cuestiones específi-cas de las mujeres.

La práctica distintiva de liberación de las mujeres que llevó a cabo el PKK se desarrolló en la segunda mitad de los años noventa, cuando se incrementó la participación activa de mujeres en el movimiento kurdo, como políticas y como combatientes (Çağlayan, 2012: p. 2). Pero como en cualquiera otra temática dentro del PKK, quien sirve de guía ideológico en lo concerniente a la liberación de las mujeres es Öcalan. Comenzando en la década de 1980, los “análisis” de Öcalan criticaban cada vez más las estructuras familiares tradi-cionales y patriarcales, el papel secundario de las mujeres dentro de la familia y los roles de género que asociaban a las mujeres con el namus [el control sobre la sexualidad femenina] y asignaban a los hombres el deber de protegerla (Çağlayan, 2012: p. 8).

Hoy en día, es en el terreno de la liberación de las mujeres y de la igualdad de género donde el PKK se posiciona de forma más radical. Uno de los aspectos que diferencia la lucha del PKK de otras rebeliones kurdas es la amplia participación femenina en todos los niveles del movimiento. En cierta manera, la categoría “mujer” ha reemplazado al “proletariado internacional” en la ideología del PKK: hoy en día son las mujeres como tales las que son consideradas la vanguardia de la lucha. El movimiento ha declarado que su objetivo es no solo la liberación de las mujeres kurdas, sino la de todas las mujeres del mundo.

Las ideas del PKK acerca de la liberación de la mujer delatan la fuerte influencia del mito de un matriarcado que habría tenido lugar en un pasado prehistórico durante el neolítico, “cuando la mujer era una deidad creadora” (Öcalan, 2014). Con el advenimiento de la sociedad de clases, comenzó la opresión de la mujer. Estas nociones están claramente tomadas del ensayo de Friedrich Engels El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado.

La estructura patriarcal de la familia y la desigualdad entre hombres y mujeres sirve, de acuerdo con Öcalan y el PKK, a los intereses del Estado turco opresor y a los líderes “feudales” kurdos que cooperan con ellos. Este Estado y sus marionetas desempeñan un papel crucial a la hora de perpetuar estas desigualdades mediante el refuerzo de las tradiciones tribales que bloquean el desarrollo de las mujeres kurdas y de la sociedad en su conjunto, y por lo tanto controlan al pueblo kurdo. La familia tradicional oprime a la mujer bloqueando su acceso a la vida social, mientras que la familia es protegida a través del namus, de la vigilancia del cuerpo de las mujeres, de sus conductas y de su vida sexual por parte de los hombres (Çağlayan, 2012: p. 2). Öcalan:

Ya que los motivos sexuales son fundamentalmente instintivos, los problemas así generados provocan profundas perversiones políticas. Resolver los motivos sexuales es llevar a cabo la mayor revolución. No hay nadie entre nosotros que aún no sea cons-ciente de esto. Todos sucumben. La sociedad kurda expresa un tipo de individuo y una realidad social que sucumbe, más que ninguna otra sociedad en el mundo, a los instintos del hambre y de la sexualidad […] Alrededor de esos motivos sexuales se forma cierto namus, cierta compresión de la moralidad, y no hay ningún compañero por valiente que sea capaz de superar esto. […] En este cuello de botella, nuestro individuo ha perdido otra vez, incluso antes de haber alcanzado los veinte años (Çağlayan, 2012: p. 9).

Romper las ataduras que oprimen a las mujeres no solo les permitiría a ellas desempeñar un papel activo en el movimiento de liberación, y por lo tanto fortalecerlo. Öcalan asume también que las mujeres, como víctimas tanto de la opresión nacional como de la de género, son más receptivas a ideas radicales, están más dispuestas a cuestionar la tradición y el statu quo.

Hoy en día, en el levantamiento palestino, son prácticamente sobre todo las mujeres, niños y jóvenes con piedras quienes hacen la revolución. Hay que sacar lecciones de esto […] Cuando las mujeres, que representan la mitad de la sociedad, toman las calles, es imposible controlarlas. […] En este sentido, y especialmente para mejorar el movimiento urbano, debemos llevar la acción a ese nivel. […] Definitivamente, todas las mujeres están enfurecidas. Todas están hambrientas y empobrecidas. Es posible convertirlas en rebeldes usando todo tipo de métodos (Çağlayan, 2012: p. 10).

La liberación de la mujer se consideraba y se considera una parte de la liberación del pueblo kurdo, pero ha habido un giro en la manera de concebir esa relación. En su artículo “From Kawa the Blacksmith to Ishtar the Goddess: Gender Constructions in Ideological-Political Discourses of the Kurdish Movement in post-1980 Turkey”, Handan Çağlayan resume este cambio diciendo que consiste en pasar de hablar de las mujeres con una visión instru-mental como recurso de la revolución, a hablarles como protagonistas de su propia liberación. Este giro tuvo lugar en la segunda mitad de los años noventa.

A comienzos de esa década, la participación de las mujeres en el PKK, incluidas sus unidades guerrilleras, aumentó radicalmente. En esos años estallaron grandes protestas entre la población kurda, la serhildan, también conocida como la intifada kurda, para las cuales sirvió de combustible un nuevo sentimiento de identidad kurda y de fuerza que era posible gracias a la lucha armada. En esas protestas se implicaron estratos de la población que no estaban en contacto directo con las unidades guerrilleras del PKK en las montañas, pero que sin embargo simpatizaban con ellas. Fueron especialmente importantes las celebraciones del Newroz (año nuevo kurdo) de los años 1990, 1991 y 1992 al transformarse en confrontaciones con las fuerzas de seguridad turcas. Las mujeres participaron masivamente en esas protestas, enfrentándose a las fuerzas de seguridad en las calles.

Las protestas fueron reprimidas, pero tuvieron como consecuencia que el movimiento kurdo se convirtiera en un verdadero movimiento popular de masas, que incluía a organizaciones estudiantiles, asociaciones culturales, publi-caciones, grupos de mujeres y otras iniciativas. El PKK era la fuerza hegemónica en este movimiento, pero al mismo tiempo tenía dificultades para integrar a los muchos nuevos reclutas que a menudo provenían de orígenes sociales muy diversos con los de la vieja guardia. Docenas de esos, a menudo, jóvenes voluntarios con estudios fueron ejecutados por comandantes del PKK que desconfiaban de ellos o sentían que su poder estaba siendo cuestionado.

Pero el influjo de nuevos miembros cambió el partido. Mientras iba en aumento la participación de las mujeres en la guerrilla, el movimiento tuvo que enfrentarse a las prácticas e ideas machistas que persistían. Las mujeres se negaron a que su papel en el movimiento se limitara a prestar apoyo en vez de optar por luchar como parte de la guerrilla.

El partido descubrió pronto el atractivo emocional de las imágenes de jóvenes mujeres combatientes que habían abandonado sus casas y sus antiguas vidas para luchar por la causa kurda. Las mujeres martirizadas pronto se convirtieron en símbolos emocionalmente poderosos del movimiento, y todavía lo son como muestra el ejemplo reciente de Arin [Mirkan] y otras mujeres combatientes muertas en la defensa de Kobane. Las mártires del movimiento incluyen a mujeres que se prendieron fuego a sí mismas en protesta o que murieron en atentados suicidas contra el enemigo, tácticas que fueron adoptadas en los noventa. Trágicamente, el número de mujeres que se sacrificaban en atentados suicidas era desproporcionado con respecto a los hombres, en una región con tradiciones de suicidio femenino como vía de escape a su situación de infelicidad (Marcus, 2007: p. 244).

El nuevo papel de las mujeres hizo que cambiara la ideología y la organización del PKK. En la guerrilla se formaron unidades independientes de mujeres y más tarde un ejército independiente de mujeres, una práctica que también fue adoptada por el movimiento kurdo en Siria cuando organizaron las YPJ (Yekîneyên Parasti-na Jinê, Unidades de Protección de Mujeres). El motivo de esto se debió a que de esta forma las mujeres se libraban de las prácticas machistas de sus compañeros hombres, y al mismo tiempo forzaban una ruptura con las nociones tradicionales de obediencia y servilismo femeninos, asumiendo en su lugar funciones dirigentes. El mismo principio se aplicó en las organizaciones políticas. En 1994 se formó el Movimiento Libre de Mujeres de Kurdistán, más tarde rebautizado con el nombre de Unión Libre de Mujeres de Kurdistán (YAJLK). Tras la captura de Öcalan, la organización se disolvió y se reconstruyó más tarde con el nombre de Partido de Mujeres Libres (PJA). En todos los órganos mixtos del PKK existen cuotas de género obligatorias. Las direcciones tienen que incluir por lo menos un 40 por ciento de mujeres, y los puestos ejecutivos son ocupados por una mujer y un hombre. El PYD, por ejemplo, tiene una presidenta y un presidente: Salim Muslim y Asya Abdullah, quien estuvo en Kobane durante el sitio de la ciudad.

Handan Çağlayan describe un cambio en los textos de Öcalan sobre las mujeres como tales diciendo que “en los años ochenta, Öcalan habla a los hombres militantes acerca de cómo deben tratar a las mujeres, es decir, habla con hombres sobre mujeres; en los años noventa, sin embargo, habla con mujeres militantes sobre hombres, y llamó la atención sobre la importancia de esto” (Çağlayan, 2012: p. 13). Öcalan en 1999:

El hombre como tal fue analizado y se vio que el problema principal era el hombre. […] Para mí, la cuestión masculina es ahora anterior a la cuestión femenina. ¿Ser hombre equivale a tener el poder? Yo pregunto a los hombres: si tenéis el poder, ¿por qué no podéis demostrarlo en el campo más elemental que es la guerra? El hombre prueba su masculinidad en la dominación de las mujeres, en la dominación sexual. Este es un terreno de poder crudo, me pareció infame y lo destrocé.

De nuevo, la idea del PKK de crear un hombre nuevo, y una mujer nueva, demuestra ser una poderosa herramienta ideológica. Una diferencia importante entre la teoría del PKK sobre la opresión y la liberación de la mujer y la de Friedrich Engels es su negación de factores socioeconómicos. Engels argumentaba que con la aparición de las clases sociales llegó la división del trabajo, que relegó el trabajo femenino, y por lo tanto su condición social, a una posición secundaria. En cambio, en el PKK, el énfasis (de nuevo) se pone en cuestiones como la “mentalidad” y la “personalidad”; la opresión de las mujeres se supone enraizada en las actitudes patriarcales que se transmiten de generación en generación y que son interiorizadas por las mujeres. Para liberarse ellas mismas, las mujeres necesitan desaprender esas actitudes tanto como los hombres, y de esta forma hombres y mujeres se crean de nuevo.

El discurso del PKK sobre la liberación de la mujer sitúa la categoría de la mujer por encima de las diferencias políticas. Como declaró el PJA:

la ideología de liberación de la mujer es una alternativa a otras visiones del mundo anteriores, ya sean de derechas o de izquierdas. Es además un resultado de la crítica de esas ideologías. Porque todas las ideologías anteriores, al ser calificadas de capitalistas o socialistas durante los últimos siglos, tienen una forma masculina. Es decir, han sido moldeadas por el patriarcado que está institucionalizado desde hace 5.000 años en todas las esferas de la vida (Brauns & Kiechle, 2010: p. 247).

El pensamiento del PKK es sumamente esencialista. A menudo equipara mujeres y naturaleza, y siguiendo esta línea, la “mujer” se identifica con la maternidad. Se asume que las mujeres tienen ciertas características como mujeres, como la empatía, el aborrecimiento de la violencia y una cercanía a la naturaleza. Estas cualidades hay que enseñarlas a los hombres para que se pueda superar la sociedad patriarcal.

Estas ideas imponen una pesada carga sobre las mujeres Por un lado, la familia tradicional es criticada como un espacio en el que las actitudes patriarcales oprimen a las mujeres y como una institución a través de la que el Estado turco y los líderes feudales dominan al pueblo kurdo. Por otro lado, la familia se considera la cuna desde la que debe nacer la nueva sociedad kurda, ya que la familia tiene un papel muy importante en la socialización de las personas, en la “creación de personalidades”, y este es el centro de la visión del PKK de la liberación. Por lo tanto son las mujeres, como madres y educadoras, las que asumen la principal responsabilidad a la hora de decidir el resultado del combate.

Se considera que las mujeres tienen que estar en la vanguardia de la lucha de liberación, pero para ser capaces de desempeñar esta función, primero tienen que liberarse a sí mismas de lo que llaman su “mentalidad esclava”. Los contratiempos para el movimiento se convierten en responsabilidad de las mujeres por haber fallado. La liberación y una reorganización de “arriba abajo” de la sociedad kurda son los objetivos que se fija el PKK, ahora considerados imposibles si las mujeres no se liberan y de hecho, son las mujeres quienes deben desempeñar un papel pionero en esta transformación social.

Civilización democrática

El PKK comenzó a desarrollar su propia y peculiar ideología a finales de los años ochenta, y a mediados de los noventa la política oficial del partido incorporó una serie de novedades ideológicas. Sin embargo, tras su captura, Öcalan aceleraría la metamorfosis ideológica del PKK. En manos del Estado turco, Öcalan comenzó a hacer declaraciones desde la cárcel a través de sus abogados. Alabó sus condiciones carcelarias e hizo un llamamiento al PKK a mantener el alto al fuego declarado en septiembre y declaró que las negociaciones con el Estado turco continuarían y que se harían a través de él.

Las posteriores declaraciones de Öcalan ante el tribunal resultaron chocantes. Öcalan reinterpretó de arriba abajo la historia y la ideología del PKK. Ante el tribunal, Öcalan expresó su arrepentimiento por la muerte de soldados turcos y cuando se le preguntó si sus palabras podían interpretarse como una disculpa, no se mostró en desacuerdo. Öcalan no mencionó el sufrimiento de los kurdos, pero encontró tiempo para alabar a Atatürk, el fundador de la República turca, y se refirió a la cooperación entre kurdos y turcos en la guerra de independen-cia de principios de los veinte. Afirmó que con solo haber seguido fielmente las ideas de Atatürk no habría existido la “cuestión kurda”.

Öcalan no solo revisó la historia. Insistió en decir que el objetivo de un Estado kurdo independiente era imposible, incluso a largo plazo, y que ni siquiera era deseable. Incluso las ideas de una autonomía kurda o un parlamento federal, cuestiones que Öcalan había sugerido poco antes de su captura, fueron arrojadas por la ventana. La “solución democrática” que propuso Öcalan en su alegato de defensa, publicado con el título de Declaración sobre la solución democrática de la cuestión kurda, era que Turquía reconociera la existencia de los kurdos y respetara sus derechos democráticos básicos como la libertad de expresión y el uso del idioma kurdo. Esto bastaría según él para hacer de Turquía una sociedad democrática que pudiese trascender el conflicto.

Quiero subrayar que ella (la democracia) transciende la tensión y el conflicto con un magnífico equilibrio. Que cuenta con gobiernos ideales que, gracias a la adecuación de las instituciones estatales democráticas con tal propósito, pueden ofrecer una solución sin dar lugar a que ni las diferentes posturas políticas que pueda haber, ni las fuerzas que están detrás de ellas, entren en conflicto (Öcalan, 1999; p. 71).

Un ideologema recurrente desde la Declaración sobre la solución democrática es el de la “civilización democrática”, que pasa a ser el objetivo del PKK. En este texto, Öcalan explica que toma el término de un libro de 1964 del sociólogo estadounidense Leslie Lipson: un estudio sobre el desarrollo del sistema parlamentario en las sociedades occidentales. En sus recientes escritos desde la prisión, el término ha adquirido una posición central, ahora ya sin referencias a su autor. Sigue sin estar claro qué es exactamente para Öcalan esta “civilización democrática”.

Pero lo que está claro es que Öcalan, a más tardar desde la Declaración sobre la solución democrática, se ha convertido en un admirador de la democracia parlamentaria occidental. En dicha declaración se refiere en repetidas ocasiones a ella como modelo para Turquía. La declaración contiene largas citas de Lipson, en las que describe el sistema político de Suiza, que Öcalan aduce como ejemplo de cómo en un mismo país pueden vivir juntos diferentes grupos socioculturales. Según Öcalan, este podría ser un ejemplo de la coexistencia turco-kurda en un solo Estado. Más tarde Öcalan se convirtió en un entusiasta partidario de la entrada de Turquía en la Unión Euro-pea, esperando que esto forzara a Turquía a introducir reformas democráticas que acercarían la “república democrática”.

La democracia que proclama se equipara a menudo al sistema parlamentario de los Estados capitalistas occidentales: declara que en los países europeos se ha desarrollado una “democracia determinada” y que esto ha conducido a una “supremacía de occidente”. “La civilización occidental puede, en este sentido, calificarse de civilización democrática” (Öcalan, 1999: p. 59). Lo que Turquía y los kurdos necesitan es “el modelo occidental de resolución de problemas” (Öcalan, 1999: p. 19). Y en 2011 afirma:

Europa, el lugar de nacimiento (de la democracia), ha dejado atrás por lo general, a la vista de las guerras del siglo xx, el nacionalismo, y ha establecido un sistema político acorde con estándares democráticos. Este sistema democrático ha mostrado ya sus ven-tajas sobre otros sistemas —incluido el socialismo real— y es ahora el único sistema aceptable en el mundo (Öcalan, 2011: p. 91).

En sus declaraciones ante el tribunal, Öcalan presentó la fase más intensa de la guerra como un percance menor: “Turquía fracasó a la hora de tener un sistema democrático debido a la falta de convicción, de esfuerzos serios y de una verdadera comprensión de la democracia (como opuesta a la demagogia)”, y esto condujo al surgimiento de la resistencia armada (Öcalan, 1999: p. 17). Sin embargo, añadió que la lucha armada del PKK en los años noventa fue un error: “En Turquía, en los años noventa, hubo desarrollos positivos en materia de derechos humanos (tanto para kurdos como para turcos). Tras esto, el levantamiento fue un error. Había una vía para solucionar el problema” (Marcus, 2007: p. 248). Aquí Öcalan se refiere del periodo en el cual él, como líder absoluto del movimiento, ordenó al PKK pasar a la ofensiva y acusó de traidores a los cuadros que querían dejar de centrar la atención en el aspecto armado de la lucha.

Tras la captura de Öcalan, la dirección del PKK declaró que “es nuestro líder, pero está en cautiverio. Sus directrices han dejado de ser vinculantes”. Para el movimiento clandestino, esta declaración era de sentido común, pero el PKK dio rápidamente un giro de 180 grados; en julio, una reunión ampliada de su comité central adoptó el alegato de defensa de Öcalan como el nuevo manifiesto del partido o “Segundo Manifiesto”. En su libro PKK. Perspektiven des kurdischen Freiheitkampfes: Zwischen Selbsbestimmung, EU und Islam, Nikolaus Brauns y Brigitte Kiechle escriben: “La autoridad de Öcalan era tan grande que la dirección del PKK no tenía más remedio que dar ese paso si no quería perder su influencia sobre el partido e incluso ser tildada de traidora” (Brauns & Kiechle, 2010: p. 94). En cautiverio o no, Öcalan siguió siendo el önderlik (líder).

El cambio de orientación de Öcalan, ahora convertido en política del partido, era inaceptable incluso para muchos que habían sido leales seguidores de Apo. Miles de ellos abandonaron el movimiento (Marcus, 2007: p. 291). Un pequeño número de líderes del PKK se opusieron sin éxito a la nueva política de poner fin a la lucha armada, adoptada en el séptimo congreso del PKK en febrero de 2000. Figuras dirigentes como Meral Kidir, secretario general del DHP (Partido Popular Revolucionario), una rama del PKK, y Mehmet Can Yüce criticaron la nueva orientación desde las cárceles turcas en las que permanecían recluidos. Un comunicado del DHP respondió declarando que “la liquidación y las provocaciones, que habían sido aplastadas hasta ahora, no pueden prevalecer. El destino de las provocaciones y de la liquidación que se impone correrá la misma suerte”. Tras el séptimo congreso del partido, Serxwebun amenazó a los disidentes con el “castigo más severo” en “condiciones de guerra”. Los disidentes fueron incapaces de formular ninguna alternativa excepto la continuación de la fallida estrategia de guerra popular y quedaron rápidamente marginados. Como signo de buena voluntad, Öcalan ordenó a las guerrillas del PKK retirarse de territorio turco. Muchos de ellos fueron asesinados a raíz de los ataques perpetrados por el ejército turco contra los combatientes que se batían en retirada.

En el período de 1999 a 2005, el PKK estuvo en estado de choque, tratando de digerir la captura de Öcalan y de reorganizarse sin el Serok (líder en kurdo) y de acuerdo con sus nuevas instrucciones.

Desde el Segundo Manifiesto, Öcalan continúa publicando declaraciones ideológicas autoritarias a pesar de depender de sus carceleros para obtener información del mundo exterior. En estas declaraciones, Öcalan vuelve a menudo a un pasado mítico. Asegura que la lucha del PKK es solo la última rebelión kurda contra el poder centralizado del Estado. En un notable ejemplo de “autoorientalismo”, los kurdos son presentados como un pueblo sin historia que desde los tiempos de Sumeria (cuarto milenio a. C.) se habían rebelado contra el poder estatal, mientras que permanecían siendo “en esencia” el mismo pueblo. El “pecado original” que había causado su opresión fue la formación del Estado como tal, contra el que los kurdos intentaron preservar su cultura libre y “natural”. Öcalan describe sus objetivos como un “renacimiento” de la idealizada sociedad que durante el Neolítico supuestamente existió en lo que es ahora Kurdistán. En una especie de Aufhebung, los aspectos positivos de este pasado mítico —el papel central de la mujer en la sociedad, una identidad kurda “pura”, igualitarismo social— han de volver en una forma moderna y convertirse en un ejemplo guía para el régimen en su conjunto.

Este renacimiento se supone que se materializará en proyectos entrecruzados: república democrática, autonomía democrática y confederalismo democrático (Akkaya y Jongerden, 2012: p. 6). La “república democrática” implica una reforma del Estado turco. De modo similar a las declaraciones que había hecho Öcalan durante los años anteriores a su detención, reclama que Turquía reconozca la existencia de minorías dentro de su población, especialmente a los kurdos, y que disocie la ciudadanía de la etnicidad turca. Este es un tema prominente en la defensa de Öcalan en su juicio.

La autonomía democrática es un concepto tomado de Murray Bookchin (1921-2006), un teórico socialista libertario estadounidense. Después de un breve período en el que fue estalinista durante su adolescencia, Bookchin se unió al movimiento trotskista a finales de los años treinta y se convirtió en miembro del Socialist Workers Party. Como muchos trotskistas, Bookchin había esperado que la Segunda Guerra Mundial terminara con una ola de revoluciones sociales, dirigidas por la clase obrera, en la que los trotskistas tendrían un papel importante. Cuando esto no sucedió, y al permanecer el movimiento trotskista pequeño y aislado, Brookchin empezó a reconsiderar sus ideas. Bookchin renunció al marxismo, que desde su punto de vista había cometido un error fundamental al ver a la clase obrera como el sujeto revolucionario, pero siguió siendo anticapitalista.

Para él estaba claro que el capitalismo era un sistema destructivo que debía ser abolido. Su punto débil, razonaba Bookchin, no era la contradicción entre capital y trabajo, sino la contradicción entre capital y ecología. El capital, acumulándose sin límites, destruye el medio ambiente. La lucha para salvar el ecosistema adquiere entonces un carácter anticapitalista y puede unir a todo el mundo que vea sus vidas amenazadas por el deterioro del entorno natural, rebelándose contra su alienación con respecto a este.

Para construir una sociedad ecológicamente sostenible, sugería Bookchin, habría que descentralizar las ciudades y reducir su tamaño para permitir a la gente el uso de energías renovables, cultivar alimentos localmente y reducir los costes del transporte de energía. Esas ciudades más pequeñas estarían gobernadas por asambleas de habitantes que tomarían decisiones de forma democrática.

A Bookchin se le califica a menudo de anarquista, pero él no rechazaba la participación electoral dentro de las estructuras políticas existentes, como hacen muchos anarquistas. En su lugar, predicaba la convergencia de movimientos sociales y cooperativas, convergencia que prefiguraría la sociedad futura, con la participación en los gobiernos locales para ganar poder político legal.

Esta es la estrategia que el movimiento kurdo parece estar aplicando ahora con cierto éxito en el este de Turquía. En ciudades y pueblos donde el partido legal kurdo, el HDP, ha ganado suficiente apoyo en los gobiernos municipales, se utilizan los recursos estatales para facilitar la creación de asociaciones barriales y municipales, que constituye la propia población en cooperación con varios movimientos y ONG. De esta forma, el movimiento espera construir “autonomía democrática”, el poder para tomar decisiones a escala local en asambleas y gobiernos municipales, a la vez que “elude” al Estado central chovinista turco. Öcalan y el PKK ven esto como la vía para convertir a los ciudadanos en agentes políticos en el ejercicio del autogobierno. A través del refuerzo de los gobiernos municipales y de asociaciones de diferentes etnias, religiones, identidades culturales y de mujeres, se ejerce presión contra el Estado turco para forzarlo a reformarse y convertirse en una república democrática.

Un activista kurdo explica la estrategia de la siguiente forma:

Cuando hablamos de autonomía democrática, no podemos esperar a que las leyes hayan cambiado. Tenemos que transformarnos nosotros mismos, con hechos concretos. […] En diez años habremos construido autonomía democrática y tomaremos todas las decisiones que tengan que ver con la planificación urbana y con su puesta en práctica. […] Por lo tanto, lo que estamos haciendo es construir nuestras propias instituciones, para desarrollar la resistencia. […] Turquía no tiene otra opción que la autonomía democrática, el sistema actual no tiene sentido. La historia echa por tierra todo lo que no tiene sentido. El Estado se verá forzado a darse cuenta de esto y a cambiar (TATORT Kurdistan, 2013: p. 53).

El “viejo” PKK, por supuesto, ya había construido organizaciones civiles de varios tipos, pero la diferencia crucial es que ahora esas estructuras, aunque son inspiradas por ellos, son supuestamente independientes del partido. El PKK, que volvió a su antiguo nombre después de varios cambios en los primeros años de la primera década del siglo XXI, manifiesta que su función no es ser la organización dirigente, sino una fuente de inspiración ideológica, un centro desde el cual el pensamiento de Öcalan se extienda a través de otras estructuras.

El PKK propone construir estructuras de autonomía democrática por encima de las fronteras de los actuales estados nacionales. Estas estructuras se federarían de abajo arriba, en un sistema de “confederalismo democrático. En palabras de Bookchin, “una red de gobiernos administrativos cuyos miembros o delegados sean elegidos en asambleas populares presenciales en las diversas aldeas, pueblos e incluso en los barrios de las grandes urbes” (Akkaya y Jongerden, 2012: p. 6). Öcalan describe el sistema como “un modelo piramidal de organización, en el que son las comunidades quienes hablan, debaten y toman decisiones. Desde la base hasta la dirección, los delegados elegidos formarían una especie de cuerpo de coordinación flexible. Serían los representantes electos del pueblo durante un año” (Öcalan, 2005).

Esta estrategia también implica un giro fundamental en el uso por el PKK de la violencia. En la vieja estrategia, la lucha armada era esencial para derrotar al Estado existente y tomar el poder. Hoy en día, la política del PKK con respecto a la violencia se califica de “autodefensa legítima”. Las acciones violentas emprendidas por combatientes del PKK son a menudo represalias por la violencia turca contra el PKK y/o partidarios civiles de los derechos kurdos, y sirven para mantener cierto equilibrio de fuerzas, para demostrarle al Estado turco que esa represión acarrea un precio y para probar que el PKK todavía tiene un considerable potencial militar. La única violencia legítima, dice ahora el PKK, es este tipo de violencia defensiva.

Además de Bookchin, Öcalan se remite a otros dos autores: el historiador de la “larga duraciónFernand Braudel, y el teórico del sistema-mundo Immanuel Wallerstein. Öcalan toma prestada de ellos la idea de que el desarrollo de las sociedades humanas puede contemplarse como una evolución a través de varias eras a escala mundial. La interpretación estalinista del materialismo histórico todavía asoma de forma clara en los textos recientes de Öcalan. La lista familiar de “comunismo primitivo-esclavismo-feudalismo-capitalismo-socialismo” ha sido reelaborada, pero permanece la idea de que la historia se mueve necesariamente a través de una secuencia progresiva de etapas. El neolítico sumerio habría remplazado al comunismo primitivo y la era de la “civilización democrática”, hacia la que estaría moviéndose supuestamente el mundo, sustituye al socialismo.

En esta nueva civilización, las diferencias políticas quedarían superadas:

el actual proceso político, sin embargo, deja claro que las visiones del mundo de la izquierda como de la derecha necesitan experimentar una transformación y evolución fundamentales, al final de las cuales se unirán en lo que yo llamo sistema de civiliza-ción democrática. Este acercamiento ya ha comenzado a mostrar sus cualidades en la solución de conflictos, construyendo instituciones internacionales y reconstruyendo el orden internacional de acuerdo con principios democráticos (Öcalan, 2011: p. 139).

Los escritos desde la prisión muestran una fuerte tendencia idealista al tomar la “cultura” y la “civilización” como explicaciones de los desarrollos socioeconómicos y políticos. Öcalan concuerda con el politólogo de derechas estadounidense Samuel Phillips Huntington cuando dice que existe un choque de civilizaciones entre “oriente” y “occidente” (Öcalan, 2011: p 40).

¿Qué ha pasado con el socialismo?

Resulta sorprendente que alguien que una vez decía ser marxista, apenas mencione en sus textos más recientes la profunda desigualdad socioeconómica entre el oeste y el este de Turquía, o formule propuestas para mejorar la situación económica de la población kurda. Los temas de la lucha de clases y de la estructura de clases, tratados como tópicos en los antiguos documentos, han desaparecido en gran parte, excepto como etiquetas vacías para tachar a los colaboracionistas kurdos y los oponentes del PKK, calificados de “feudales” o “pequeñoburgueses”. La visión de Kurdistán como una (neo)colonia o víctima de la explotación está ausente en un libro subtitulado El PKK y la cuestión kurda en el siglo XXI. En ocasiones se menciona la posibilidad de desarrollar un gobierno en el este de Turquía, pero no se pasa de la mera mención.

Para Öcalan, la lucha por el socialismo y las luchas de los trabajadores tienen una importancia secundaria en comparación con las cuestiones de la religión, la identidad étnica y las libertades democráticas. Estas valoraciones parecen ser compartidas por muchos de sus seguidores. Cuando un grupo de izquierdistas alemanes visitó el norte de Kurdistán para ver el sistema de de-mocracia autónoma “en la práctica”, la cuestión de la reforma agraria ni siquiera se había planteado. Casi haciéndose eco del viejo principio maoísta de que la atención debe centrarse en la “contradicción principal” (la cuestión nacional), un joven activista declaró: “El socialismo y la lucha anticapitalista son componentes importantes de nuestra ideología. Pero en este momento nuestra opresión como kurdos es nuestro problema principal” (TATORT Kurdistan, 2013: p. 98).

El socialismo del PKK se volvió más abstracto a medida que se desplazó desde la idea estalinista de que el socialismo significa que haya un partido-Estado que sea dueño de los medios de producción, hasta la de crear un hombre nuevo. Lo que se mantuvo firme durante esta evolución fue la asunción de que es el partido el que establece el socialismo. La clase obrera y su autoempancipación no eran asuntos tratados por la vieja ideología, a pesar de que el PKK se presentase de boquilla como un partido de la clase obrera.

Mientras que en el marxismo la clase obrera es el agente que, a través de su propia autoempancipación, puede crear el socialismo, el PKK ha tenido una actitud más bien reticente hacia la clase obrera y no ha visto la autoemancipación de esta como el camino al socialismo. Muchos trabajadores en Kurdistán eran funcionarios del Estado y vivían en las ciudades (Çelik, 2002: pp. 223-224). El PKK, cuyos miembros eran en su mayoría de origen rural, veía con desconfianza a la población urbana, que a sus ojos era privilegiada y estaba demasiado asociada con las instituciones del Estado turco. En un libro basado en conversaciones en una escuela de formación política del PKK, un cuadro llamado Heval Zilan lo expresaba de esta forma a mediados de los años noventa:

El proletariado que ha crecido aquí es un proletariado al servicio del enemigo. No es una fuerza poderosa. No desempeña un papel suficientemente importante para ser capaz de ser la vanguardia. Eso no significa que uno no tenga que emprender la lucha proletaria en Kurdistán. Tampoco significa que no deba emerger ninguna ideología proletaria. […] Sabemos que el setenta por ciento de la población kurda está formada por campe-sinos, lo cual es natural en condiciones feudales (autor desconocido, 1996).

A principios de la década de 1990, Öcalan declaró que no había diferencias de clase pronunciadas en la sociedad kurda (Brauns & Kiechle, 2010: p. 82). La verdadera línea divisoria estaba entre “colaboradores” y “patriotas”, y no entre capitalistas y trabajadores. Recientemente, Öcalan insistió en que las condiciones de la lucha de clases no se habían desarrollado (todavía) en la sociedad kurda (Öcalan, 2011: p. 50). Este punto de vista parece contradecir el primer manifiesto y el programa que declaraba que la revolución debía ser liderada por la clase trabajadora. Pero con ello se quería decir que debía ser liderada por el PKK, ya que era este partido el que supuestamente era el portador de la conciencia socialista y el que se la otorgaba al pueblo. Heval Zilan lo expresaba de esta forma:

En primer lugar, el ejército [la guerrilla del PKK] es el protector de todos los valores creados. En segundo lugar, es el portador de la conciencia socialista, que transmite a la sociedad. En tercer lugar, es el ejército quien transforma el trabajo realizado en Kurdistán en valores y quien crea la conciencia correspondiente. En cuarto lugar, el ejército es la base de la sociedad socialista (autor desconocido, 1996).

Dado que apenas existían, según el PKK, el proletariado y la lucha de clases, era el partido el que necesitaba crear el socialismo.

No es extraño que cuando el PKK pasó de proclamarse vanguardia a convertirse en centro ideológico, el énfasis en el “socialismo”, ya sea como sistema económico o como el nombre de la sociedad del Hombre Nuevo, perdiera fuerza. El proyecto de “autonomía democrática” se basa en diferentes identidades y en la lucha por la libre expresión de esas ideas, y “trabajador” no es más que una identidad entre otras. En la actualidad, Öcalan cree que el reconocimiento de derechos democráticos para todas esas identidades diferentes traería consigo la nueva “civilización democrática”. Cree que el siglo XX vio la “desaparición de los fundamentos materiales de la división de clases”, debido a “los progresos técnicos”. Pero la posibilidad de una sociedad sin divisiones de clase sigue sin hacerse realidad por culpa del Estado: “El Estado gobierna la estructura social” y es el estado quien “continúa las divisiones de clase” (Öcalan, 2003: pp. 52, 53). Cualquier comentario acerca del capital está ausente. Öcalan no diferencia entre la explotación socioeconómica que conduce a las divisiones de clase, y la opresión de ciertas identidades que van más allá de lo económico. En su lugar, estas se califican en su conjunto como formas de opresión. Quizás resuene aquí el eco de cómo el viejo PKK reducía la posición de clase de una persona a la que mantuviese con respecto al partido.

La culpa de la opresión persistente de ciertas identidades, como la kurda en Turquía, la atribuye Öcalan a las políticas estatales que están dejando a la zaga el desarrollo de una nueva civilización, un desarrollo que sin embargo es inevitable debido al progreso tecnológico (Öcalan, 2003: pp. 54-56). La tarea consiste entonces en presionar al Estado para permitir la realización del potencial democrático latente. Esto a su vez permitiría a largo plazo la creación de cierto tipo de socialismo y la realización del viejo sueño de la desaparición del Estado como tal.

La visión económica y social del nuevo PKK a medio plazo es una eco-nomía basada en cooperativas. Esto contribuiría a la “democratización” de la sociedad. El copresidente del PYD, Asya Abdullah, hablaba de las ideas económicas para el Kurdistán sirio en febrero de 2014:

¿Quién debería ser dueño de los medios de producción? ¿El Estado, los cantones, los capitalistas? ¿Y qué pasa con la propiedad privada? ¿Quién debería ser dueño de las fábricas y de las tierras?

En principio nosotros protegemos la propiedad privada. Sin embargo, la propiedad del pueblo es la propiedad del pueblo y el pueblo la protege. Hace poco hemos creado un consejo para el comercio y la economía que establecerá las normas para el comercio y para las relaciones económicas, y además establecerá relaciones económicas en el extranjero.

Pero de nuevo sobre el asunto de los medios de producción: ¿existe alguna forma de cooperativa o formas alternativas de producción en el Kurdistán sirio?

Intentamos animar a la gente a que desarrolle cosas como esas. Por ejemplo, en Kobane existe una cooperativa de mujeres en la que trabajan alrededor de cien mujeres y que produce y vende ropa (Schmidinger, 2014: pp. 222-223).

Las ideas de Öcalan sobre una futura sociedad alternativa pueden calificarse de socialdemócratas:

Desde mi punto de vista, la justicia reclama que el trabajo creativo se valore de acuerdo con su contribución al producto en su totalidad. La remuneración del trabajo creativo, que contribuye a la productividad de la sociedad, tiene que guardar cierta proporción con otras actividades creativas. Garantizar un trabajo para todo el mundo será una tarea pública general. Todo el mundo podrá disfrutar del sistema de sanidad, de la educación, de los deportes y de las artes según sus capacidades y sus necesidades (Öcalan, 2011: p. 60).

Grandes vaguedades

En 2011, Öcalan declaró:

no obstante, los Estados marxistas fracasaron porque intentaron implementar un tipo de gobierno llamado “dictadura del proletariado”. Este modelo de gobernanza era el resultado de un razonamiento teórico y abstracto y podía ser interpretado prácticamente de cualquier forma. Nuestra experiencia del socialismo real muestra que en este modelo proletario podían formarse contrastes de clase y estructuras de poder estatal extremas. Los países que aplicaron este modelo desarrollaron, de hecho, las estructuras más autoritarias y totalitarias de la historia. Al final, este tipo de gobierno devora a sus propios hijos. Esas sociedades entraron en pánico y trataron de reponerse y protegerse de ese monstruo echándose en brazos del capitalismo y sus estructuras de clase (Öcalan, 2011: p. 52).

Esta es una frase característica de los textos de Öcalan. El lenguaje confuso es típico de muchos de estos textos: ¿“un modelo” que podía “interpretarse prácticamente de cualquier forma” pero que todavía podía implementarse? El análisis del colapso del “socialismo real” se hace eco del idealismo liberal que argumenta que el bloque soviético colapsó debido a su “totalitarismo”; brilló por su ausencia un debate histórico y materialista de este proceso. De los textos de Öcalan se desprende claramente que para él la ideología soviética es sinónimo del “marxismo” y que no está familiarizado con las corrientes marxistas que se desarrollaron fuera de ella, o las críticas marxistas a dicha ideología.

Los escritos de Öcalan son repetitivos y prolijos, algo de lo que no solo se puede culpar al confinamiento al que está sometido en prisión. Los escritos de Öcalan son inmediatamente reconocibles por su estilo sinuoso. La yuxtaposición de reflexiones sobre el significado de “humanidad” o “libertad” con restos de jerga antigua puede resultar bastante desconcertante. Emplea términos familiares del marxismo de forma que implican que para Öcalan su significado es muy diferente: el “Segundo Manifiesto” habla de los “nómadas feudales”, mientras en sus escritos de prisión acusa a los líderes “feudales” kurdos de ser una “pequeña burguesía compradora”. Los términos son vagos y se dejan sin definir. La “democracia”, por ejemplo, se ha convertido tanto en el objetivo como en el método para resolver los problemas sociales, y también en la defini-ción característica de la nueva civilización. Pero en cientos de páginas, Öcalan no ofrece ninguna explicación sostenida de qué significa la palabra para él. En resumen, a menudo no está nada claro qué pretende decir.

La ideología del PKK ha experimentado grandes cambios desde su fundación a finales de los años setenta. Desde el marxismo-leninismo original, que veía la conquista del Estado-poder como la liberación, se pasó a una concepción que veía la “libertad” y la “independencia” en términos individuales. De una concepción estalinista del socialismo como Estado dueño de los medios de producción, se pasó a ver el socialismo como la creación de un hombre nuevo. De un “Kurdistán unido e independiente” se pasó a un “Kurdistán libre”, que de una forma u otra podría existir tal vez dentro de las fronteras del Estado turco. De ver a las mujeres como un recurso para la lucha revolucionaria, se pasó a ver a la mujer en sí como agente central del movimiento.

El PKK no sería solo una dirección militar y política, sino que reorganizaría la nueva sociedad. No solo construiría relaciones sociales que reflejarían la sociedad deseada, sino que incluso crearía las nuevas personalidades que caracterizarían a la sociedad futura. Este principio de prefiguración, de crear en el presente elementos que reflejarían la sociedad futura, todavía se mantiene en el movimiento. En la actualidad, no solo aspira a crear personalidades futuras en el presente, sino también a organizar estructuras que supuestamente contienen el núcleo de la nueva sociedad. Esto también es claramente visible en su enfoque de la liberación de las mujeres, cuando exige que mujeres y hombres “desaprendan” las actitudes que supuestamente perpetúan el patriarcado. “Queremos construir una nueva sociedad. Hagamos realidad primero esta nueva sociedad, con igualdad, libertad, aprecio y amor entre nosotros mismos” (Çağlayan, 2012: p.13).

Una constante en toda la evolución del PKK es la centralidad de Serok Apo y sus declaraciones. A los activistas alemanes que fueron al norte de Kurdistán para “ver con sus propios ojos” cómo se implementaba la autonomía democrática, les dijeron repetidamente que los activistas estaban “siguiendo instrucciones” de Öcalan; los defensores de Kobane reivindicaban que fue “el pensamiento de Apo” lo que les permitió vencer al EI; se puede ver su cara en multitud de camisetas y banderas. Los representantes del PYD describen su ideología como “la ideología de Öcalan”; las activistas kurdas dicen que todo lo que saben de feminismo lo han aprendido de Öcalan. La continuidad de un liderazgo ideológico y político, aunque ya no directamente organizativo, por parte de un solo individuo, está reñida con las proclamas de autoempancipación de la autonomía democrática. El PKK es un caso desconcertante de un movimiento que supuestamente ha adoptado una visión de “democracia de abajo arriba” con instrucciones “de arriba.

En el “viejo” PKK las lagunas teóricas —es decir, los temas que no se habían tratado o no quedaban muy claros— se colmaban con un catálogo de ideas recibidas de las teorías “marxistas-leninistas”. Los escritos de Mehmet Can Yüce, uno de los ideólogos más prominentes en aquellos tiempos, podrían haber sido escritos prácticamente por cualquier ideólogo de otro partido de una corriente similar, mientras no trataran de los pocos temas sobre los que el PKK había desarrollado sus propios puntos de vista, como sobre la historia de la Comintern. Los programas y declaraciones del PKK entre finales de los años setenta y los ochenta son en gran medida intercambiables con los de otros movimientos de liberación nacional marxistas-leninistas. Ahora que el PKK se declara “ni marxista ni antimarxista”, este catálogo de ideas ha desaparecido y hay menos con lo que llenar las lagunas.

La consecuente vaguedad e inconclusión tiene su lado útil. Por ejemplo, la ONG liberal especializada en el “seguimiento de conflictosInternational Crisis Group ha sugerido que lo que ellos llaman la “vaguedad insoportable” del objetivo de la autonomía democrática es una táctica para dificultar al Estado turco la prohibición de grupos kurdos por propagar el “separatismo”, pero esta visión subestima los cambios que han experimentado tanto el PKK como el movimiento bajo su hegemonía (tampoco tiene en cuenta el hecho de que el Estado turco no tiene problemas para prohibir organizaciones kurdas haciendo uso de pretextos muy endebles). Pero esta vaguedad implica que el proyecto esté abierto a interpretaciones muy amplias. Debido a su vaguedad, el proyecto político del PKK puede apelar a la simpatía de amplias capas de la población. Desde liberales a anarquistas, la gente puede reconocer en él sus propios intereses.

En mayor medida que cuando era líder del movimiento en sentido estricto y estaba en contacto cotidiano con sus seguidores, Öcalan se convirtió en una figura de corte profético. Y como pasa con las declaraciones de otros profetas, sus palabras están sujetas a interpretación. Los activistas sobre el terreno tienen un espacio considerable para maniobrar y para interpretar sus directrices en la forma que encaje en sus circunstancias. Las lagunas de la nueva ideología y la relativa vaguedad de los textos de Öcalan permiten adaptarse programáticamente a la situación local, a la vez que los activistas pueden seguir proclamando su fidelidad a la “ideología de Öcalan”.

La forma en que los activistas interpreten y moldeen esta ideología será decisiva para la evolución del movimiento. El enfoque menos centralizado de la construcción de organizaciones sociales abre la posibilidad de una praxis más abierta y progresista de lo que era posible en el “viejo” PKK. El movimiento kurdo no solo se ha mantenido frente al Estado turco, sino que además ha obtenido concesiones por parte de este. Hace apenas unas décadas, el Estado turco no reconocía ni siquiera la existencia de una “minoría kurda”, mientras hoy en día se ha visto forzado a tener en cuenta al movimiento kurdo como una fuerza política. Esto ha sido posible gracias a los inmensos sacrificios de los luchadores kurdos, guerrilleros y activistas. Son ellos los que decidirán el futuro del movimiento.

Alex de Jong es editor de Grenzeloos, periódico de la sección holandesa de la IV Internacional.

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Traducción: Anxel Testas y VIENTO SUR

http://vientosur.info/IMG/pdf/VS140_A_de_Jong_La_evolucion_ideologica_del_PKK-2.pdf

+ Info:

Anatomía del proceso de solución kurdo-turco. Amed Dicle, 21/8/2015

El proceso de paz en el Kurdistán de Turquía se encuentra en un punto crítico. Declaración Conjunta del HDP y el gobierno del AKP sobre el tema: el líder kurdo Abdullah Ocalan hizo una declaración histórica para resolver la cuestión de la democratización de Turquía y la cuestión Kurda. 10/4/2015


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