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Anticapitalistes
  
diumenge 6 de juliol de 2014 |
Pablo Iglesias y el control público de los medios

Pascual Serrano / Eduardo Muriel

La propuesta lanzada por Pablo Iglesias proponiendo algún tipo de control público de los medios ha sido recogida con intensidad en la prensa. Sin duda, pronto surgirán "expertos independientes" que, al dictado de directivos y gerentes de los medios, desaconsejarán medidas de las sugeridas por el eurodiputado de Podemos. Pablo Iglesias se posiciona al hilo del desarrollo que está tomando el asunto de la comunicación en América Latina. Allí, los gobiernos argentino, venezolano, ecuatoriano, boliviano y uruguayo, principalmente, han comenzado una batería de medidas destinadas a democratizar la comunicación. Medidas que comprenden el desarrollo de los medios públicos y comunitarios, el establecimiento de un marco legislativo que impida la concentración de medios y que incorpore garantías de pluralidad y veracidad en los contenidos. El debate allí ha sido, y sigue siendo, intenso.

Mientras a Europa nos llega solo la versión de los grandes medios y sus holdings, calificando sistemáticamente esas medidas como leyes mordaza y ataques a la libertad de expresión, silencian que se han aprobado tras largas discusiones y consensos con profesionales, colectivos ciudadanos y movimientos sociales. Es decir, parten de una clamor popular que está exigiendo su derecho a poder acceder a los medios de comunicación, a un reparto equitativo de las licencias radioeléctricas y a que se cumplan las garantías de pluralidad y veracidad en la información que llega a los ciudadanos.

Durante años se ha dicho, desde la derecha y desde la izquierda, que la mejor ley de prensa es la que no existe. Eso estuvo bien como bandera de la izquierda durante los últimos años del franquismo, cuando se sabía que quien la iba a hacer era un ministro de la dictadura, Manuel Fraga. Lógicamente de una dictadura no se puede esperar una buena ley de prensa, ni un buen Código Penal ni una buen Constitución.

Sin embargo, en democracia nadie discute la necesidad de estas dos últimas normas. Debemos recordar que, en una economía capitalista, lo que no regula el poder púbico, no es que se quede más libre, sencillamente lo regula el mercado, que es un poder menos legítimo que el poder que legisla leyes. Las leyes de prensa a las que hace referencia Pablo Iglesias en América Latina, y de las que bien podemos aprender mucho en Europa, no son ningunas leyes mordaza.

Al contrario, quienes tienen y utilizan la mordaza son el oligopolio de grandes grupos de comunicación que establecen quién sale en pantalla, quién habla en el micrófono y quién escribe en los periódicos. Ningún Estado ni ningún Gobierno le está diciendo a los medios los contenidos que deben incluir, sencillamente se trata de, por ejemplo, permitir que un tercio de las licencias del espacio radioeléctrico se concedan a organizaciones sin ánimo de lucro para poner en marcha televisiones y radios comunitarias, vecinales, sociales o colectivas. O de impedir que una misma empresa controle el ochenta por ciento de las licencias de una región, o que acapare televisiones, radios y prensa escrita impidiendo la pluralidad. Medidas como la establecida en Ecuador, donde se han aprobado a nivel constitucional que las entidades bancarias y financieras no puedan ser accionistas de medios de comunicación por lo que ello supone de intervención ilícita en las líneas editoriales. En otros países incluso los cargos políticos y legisladores tampoco pueden ser accionistas, para así garantizar la independencia. Precisamente en España no hay gran grupo de comunicación que no tenga detrás, como accionista o como acreedor, a un grupo bancario marcándole los contenidos. Y si el grupo es pequeño o regional, a un constructor.

Los códigos deontológicos o éticos que propondrán las empresas de comunicación son una falacia. No dejamos en manos de los colegios de arquitectos o de médicos las medidas contra los profesionales que construyen un edificio que se hunde o por una negligencia provocan la muerte de un enfermo, tenemos leyes para intervenir en esos casos. En el actual mercado laboral, el código ético del periodista no existe, solo tiene uno: que lo que haga o escriba le guste a su jefe para poder volver al día siguiente a trabajar o a que le encarguen otra pieza. ¿Acaso no hemos visto el código ético en los humoristas gráficos de El Jueves? Si no les gusta lo que hay, se tienen que ir. Izquierda Unida presentó hace varias legislaturas un Estatuto del Periodista con el objeto de garantizarle su independencia frente a sus empresas y el PSOE y el PP se encargaron de que nunca se llevase al pleno del Parlamento.

Además está el asunto de la veracidad de los contenidos. Recordemos que el derecho a recibir una información veraz se encuentra en el artículo 20 de nuestra Constitución. A pesar de ello, todos los días nos desayunamos con mentiras y manipulaciones. En España hemos estado más de diez años discutiendo sobre las mentiras difundidas por unos medios en torno a los atentados del 11M, mentiras que se han confirmado por testigos que declararon cobrar por decirlas en esos medios. Constantemente se están difundiendo falsedades en la información internacional sin que ningún medio tenga que asumir responsabilidades. Probablemente el poder más impune hoy sea el mediático, que puede llamar dictador, mono o asesino al presidente del país que se le antoje. De hecho, la mentira es una de las formas actuales de la nueva censura. Por si no bastaba con vetar el acceso a los grandes medios a las voces incómodas, se pueden permitir sepultar la verdad con mentiras para que el ciudadano ya no sepa identificarla.

Una adecuada legislación no tiene que suponer mayor poder sobre los medios para el Gobierno, ni siquiera sobre los medios públicos. Al contrario, puede dotar de instituciones ciudadanas y profesionales que supervisen la pluralidad y el equilibrio de los medios públicos. También eso se está poniendo en marcha en países de América Latina, se trata de consejos profesionales independientes que se pronuncian sobre los contenidos y pueden proponer sanciones administrativas por falsedad, racismo, homofobia, atentados contra la intimidad u otras acciones indeseadas de los medios. Sin duda se trata de una forma de poner coto a la televisión basura que tanto se denuncia pero nadie se atreve a enfrentar.

El poder mediático, nacido y presentado como un cuarto poder que iba a regular los otros tres, se ha convertido en el menos democrático y legítimo de todos porque solo responde al dinero y a los intereses de sus accionistas, prestamistas y anunciantes. Así se explica que, mientras que todos los grupos parlamentarios hayan criticado los anuncios de prostitución en la prensa escrita, ningún Gobierno se atreva a prohibirla a pesar de que tendrá el apoyo unánime de la ciudadanía. No se atreven a enfrentarse al poder de los medios.

Un "todólogo" colocado por los dueños de un medio en una tertulia o como columnista en la prensa todas las semanas termina con más poder o influencia que un diputado que representa a un millón de votantes. La gran paradoja de nuestra democracia es que Pablo Iglesias va a ser menos influyente como eurodiputado que como tertuliano. Y estoy convencido de que él tampoco estará de acuerdo con eso. Por eso, creo que desde la izquierda, y desde la decencia, debemos sumarnos a su demanda de una democratización de los medios. Y la democracia la garantizan las leyes. Una leyes que no son mordaza, sino que intentan quitarnos la mordaza que nos coloca el mercado impidiéndonos acceder a nuestro derecho a informar y estar informados.

05/07/2014

http://www.eldiario.es/zonacritica/Pablo-Iglesias-control-publico-medios_6_277932223.html


Pablo Iglesias propone regular los medios de comunicación a través de mecanismos de control público

EUROPA PRESS

El eurodiputado y líder de Podemos, Pablo Iglesias, es partidario de establecer mecanismos de control público para regular a los medios de comunicación, o por lo menos a "una parte", y garantizar así "la libertad de prensa, sin condicionantes de las empresas privadas o la voluntad de partidos políticos".

Así se desprende del libro ’Conversación con Pablo Iglesias’, en el que el periodista Jacobo Rivero plasma una conversación con el líder de Podemos tras las elecciones europeas del 25 de mayo, en las que las formación dio la sorpresa al obtener cinco escaños en el Parlamento europeo.

"¿Por qué no va a existir una regulación que garantice la libertad de prensa en el mejor sentido del término, sin condicionantes de empresas privadas o de la voluntad de partidos políticos? La sociedad civil tiene que verse reflejada con independencia y veracidad en los medios de comunicación?", asegura en el texto, recogido por Europa Press.

Según Iglesias, dicha regulación no significa que todos los medios deban estar bajo el control del Gobierno, sino que se garantice mediante la regulación del sector de la comunicación la independencia y la veracidad de los medios.

"¿Eso quiere decir que todos los medios tengan que estar bajo el control del Gobierno? Claro que no, eso quiere decir que los medios de comunicación, por lo menos una parte, tienen que tener mecanismos de control público. Y lo público no tiene que ser necesariamente institucional, en el sentido de ser corriente de transmisión de las estructuras que gestionan la administración", argumenta.

Apoya la ley de Ecuador

En este sentido, al ser preguntado sobre la Ley Orgánica de Comunicación de Ecuador aprobada por el gobierno de Rafael Correa —tachada desde algunos sectores de "ley mordaza"— y sobre si él sería partidario de una regulación de la comunicación desde el poder público, Iglesias es contundente: "Absolutamente. Si el derecho a la información es un derecho democrático, la concentración de la propiedad es incompatible con ese derecho", sentencia.

Asimismo, defiende que "la gestión de la información no puede depender únicamente de hombres de negocios y de su voluntad por permitir la libertad de expresión".

A su juicio, "no puede ser que algo tan importante, y de interés público, imprescindible para la democracia, como son los medios de comunicación, esté solo en manos de multimillonarios" y que haya una "voluntad política" de desprestigiar la información pública.

A este respecto, asegura que es un "mito" que los medios de comunicación privados ofrezcan productos de mayor calidad o de más éxito, y señala que "el problema de la privatización de los medios es que la lógica de funcionamiento es el beneficio, no el interés social ni la calidad ni la utilidad social".

3/3/2014


Cinco claves de la ley de prensa que quiere impulsar Podemos

Eduardo Muriel

La Marea 8/7/2014

El pasado viernes, durante la presentación del libro Conversaciones con Pablo Iglesias (Jacobo Rivero, Ediciones Turpial), los periodistas centraron la mayoría de sus preguntas en la cuestión de la prensa. El día antes, El País había destacado en un titular una de las frases del eurodiputado recogidas en el texto: “Los medios de comunicación, por lo menos una parte, tienen que tener mecanismos de control público”.
El asunto dio que hablar hasta el punto de que la rueda de prensa en la que se presentaba el libro acabó pareciendo, en algunos momentos, una asamblea de periodistas sobre cómo podría concretarse una hipotética ley de medios en España. Iglesias no dio detalles de una posible normativa, pero sí esbozó algunas líneas en las que, según él, tendría que basarse su elaboración.

1- Los medios públicos deben ser independientes del partido que gobierna

Iglesias cargó duramente contra el que llamó “modelo Urdaci” y contra la dirección de Julio Somoano de los informativos de TVE, quien fue denunciado la semana pasada por sus propios trabajadores por manipular los contenidos y favorecer así al Gobierno. “Una práctica habitual en este país es convertir un servicio público en un privilegio en manos de sus amigos”, denunció el eurodiputado, cuando la información “es de todos”. “Los ciudadanos están hartos del uso partidista de los medios de información. Si la información es un derecho, ésta tiene que servir a los ciudadanos”, zanjó.

2- Debe acabar la concentración empresarial en el mundo de los medios de comunicación

Durante la rueda de prensa, un periodista planteó que existían “dos imperios”, en referencia a Mediaset y AtresMedia, que controlan la mayoría de las licencias. Iglesias agarró el término y no lo soltó: “No sé si la expresión imperios es compatible con la democracia”, comenzó. “¿Le parece razonable para garantizar la libertad de expresión que el 80% o el 90% de lo que ven los españoles sea propiedad de dos imperios?”, preguntó de forma retórica. Iglesias abogó por acabar con los “oligopolios de la comunicación”, que además representan, según él, intereses totalmente espúreos. “El 95% de lo que leemos, vemos y escuchamos en España es propiedad privada de extranjeros. Ni siquiera son españoles”, añadió.

3- Los medios públicos tienen que ser potenciados como garantes de la libertad de prensa

En este punto, Iglesias le da la vuelta al discurso de que los medios privados representan la independencia y los públicos están siempre sometidos a censura. Y lo hace centrándose en los trabajadores: “Es muy difícil que exista un programa de televisión, que exista un periódico, que exista un medio, si no tiene detrás a un multimillonario o a un fondo de inversión, o grandes poderes financieros que lo financien. Y yo creo que los periodistas no tendrían que pedir permiso a nadie para poder escribir, no deberían tener que pedir permiso a nadie para estar en un periódico, para estar en una televisión”, desarrolla.

En este sentido, el sector privado sería antidemocrático en sus formas. “Cuando se producen las fusiones entre medios de comunicación y la unificación de líneas editoriales, no se le pregunta a los periodistas: se reúnen los dueños de los medios de comunicación y después llaman por teléfono a los directores y les dicen sobre qué se puede escribir y sobre qué no”, continúa, lo que considera una “realidad terrible”. “No deberle nada a nadie es la mejor garantía de que podamos construir una democracia también a nivel de los medios de comunicación”, añade. Eso sí, dejó claro que no quiere imponer un modelo único, ya sea público o privado: “Eso sería una barbaridad”, asegura.

4- El periodista debe tener garantías de que puede desarrollar con libertad su trabajo

La concentración de los medios y la nula voz de los profesionales de la información en las estructuras empresariales de los medios conlleva, para Iglesias, una “amenaza” a la libertad de los periodistas. Lo ilustra con esta anécdota: “A mí muchísimos periodistas, cuando les preguntas ‘¿pero por qué ponéis esos titulares?’, te ponen cara de ‘tengo familia y tengo que trabajar, y en la redacción no mandamos nosotros, sino quien paga’”. Por eso Iglesias habla de “empoderar” a los periodistas: “Hay que apostar por fórmulas que aseguren que los periodistas tienen más protagonismo, más peso”, de manera que el Estado “garantice las condiciones para que esos periodistas puedan trabajar en libertad sin tener que rendir pleitesía a ningún millonario”.

En este sentido, el eurodiputado afirmó que, si llegaran a gobernar, trabajarían para asegurar que “la liberad de prensa es incuestionable”. “Estoy harto de encontrarme periodistas de El País, de El Mundo, de La Sexta, de Cuatro, que me dicen muchas veces ‘trabajo donde trabajo, qué le voy a hacer, y me marcan la línea que me marcan, pero tenemos enormes simpatías hacia lo que estáis haciendo y nos parece de vergüenza la línea editorial que está manteniendo nuestro periódico’”, narra. Por eso, se trata, según él, de “empoderar a quien hace periodismo, no al que lo único que tiene es dinero para comprar el medio de comunicación”. “No puede ser que un propietario le diga a un periodista de quién tiene que hablar bien o mal. Los periodistas tienen que ser libres para contar lo que quieran”, zanja.

5- Las futuras leyes de prensa tienen que hacerlas los periodistas

Éste fue una de las preguntas que más se repitieron: ¿Con qué medidas concretas se lleva todo esto a cabo? De hecho, algún periodista mostró su preocupación con respecto todo lo que suene a control público. La respuesta de Iglesias fue siempre la misma: preguntando a los trabajadores de la información. “A los periodistas, tanto a los que están asociados como a los que no, habría que convocarlos a un proceso amplio de discusión en el que dijeran cuál es el modelo para garantizar que se asegura la libertad de expresión”, avanza. Y en esta idea, puntualiza: “Tendría que ser una ley redactada por periodistas. Ojo, no redactada por los medios de comunicación para los que trabajan los periodistas”.

Para Iglesias, lo ideal sería que en las reuniones de redacción, los profesionales de la prensa definan la línea del medio de comunicación, que funcionasen como cooperativas de trabajadores en la toma de decisiones. “Estaríamos, en última instancia, haciendo lo que los periodistas nos han pedido que hagamos”, asegura, y, recuerda de nuevo la pregunta sobre los “imperios” de comunicación: “Hay que sentar a los profesionales de la prensa, y si ellos te dicen que hay dos grandes imperios mediáticos en España, hay que preguntarles qué formas entienden ellos que son más adecuadas para limitar esa situación imperial, que seguramente no es compatible con la democracia”.

+ Info:

Pablo Iglesias: "¿Es normal que el 80% de la información esté controlada por dos ’imperios’?"


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