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dimarts 3 de febrer de 2004 | Lee Sustar (Counterpunch)
Estados Unidos : ¿Una nueva estrategia para revertir el declive de la clase obrera?


La centralización forzada no es ninguna unidad

Con el declive de la AFL-CIO, un grupo de importantes dirigentes sindicales se unieron para proponer una reorganización a fondo de los sindicatos. Su argumento: sin un cambio drástico, la clase obrera organizada enfrenta una crisis. Es por esto que quieren dar el ejemplo. Hay rumores de que los principales líderes de la AFL-CIO caerán.

Todos esto le sonará familiar a cualquiera que haya seguido el desarrollo de la Nueva Sociedad de la Unidad (New Unity Partnership, NUP), un agrupamiento de grandes sindicatos formado el año pasado para proponer una inmensa reestructuración del movimiento obrero. Pero es en realidad una descripción de 1995 —cuando la UAW (trabajadores de plantas automotrices), la IAM (maquinistas) y la USWA (metalúrgicos) anunciaron su fusión en una jugada que apuntaba a fortalecer el poder sindical en las industrias metalúrgicas.

Al mismo tiempo, una fracción de líderes sindicales maniobraron para obligar a renunciar al presidente de la AFL-CIO Lane Kirkland, un conservador que ofrecía concesiones a los patrones y apoyó la política norteamericana durante la Guerra Fría. El sucesor de Kirkland, John Sweeney, dirigente del sindicato de empleados de servicios (SEIU), fue famoso por su política agresiva de organización.

"Organízate o muere" fue la consigna de las "Nuevas Voces" de la campaña de Sweeney. Dos años después, la gran victoria de los Teamsters (trabajadores del transporte) del correo United Parcel Service (UPS) electrizó a la nación y pareció marcar un verdadero repunte de la clase obrera.

Pero luego, cuando el presidente de los Teamsters Ron Carey fue echado por el gobierno, la clase obrera retrocedió. El director de organización de la AFL-CIO Richard Bensinger fue despedido cuando empezó a molestar a demasiados dirigentes sindicales exigiendo que gasten al menos un tercio de sus recursos en organización.

Pero la falta de recursos para la organización no fue todo. La organización de nuevos contingentes de trabajadores también se vio desfavorecida por la renuencia de la clase obrera a movilizarse para ganar huelgas y lockouts difíciles frente a patronales como Caterpillar y los periódicos de Detroit a mediados de los noventa.

Por ejemplo, la UAW malogró sus propios esfuerzos de organizar a los trabajadores no sindicalizados de las plantas automotrices de propiedad japonesa cuando abandonó a los obreros de la fábrica de neumáticos Accuride en Kentucky después de una huelga y de un lockout de cuatro años. Ahora la UAW también acordó la rebaja de sueldos para los nuevos trabajadores contratados de las automotrices —ayudando a deprimir los salarios en la industria y a deprimir aún más la actividad obrera.

Para su parte, la IAM aceptó enormes recortes salariales en las industrias de aerolíneas y la aeroespacial —y la USWA permitió la eliminación del servicio de salud para los jubilados y los recortes a las pensiones por medio del recurso de quiebra. ¿Qué pasó con la fusión planificada de estos sindicatos? Fue abortada en silencio hace años por rivalidades burocráticas.

La tasa de sindicalización en el sector privado es hoy de sólo 9,6 por ciento y 13,2 por ciento en el conjunto de la economía —y se esperan cifras menores cuando se publiquen nuevos datos el próximo mes. Es en este contexto que ha surgido la NUP.

Dirigido por el SEIU, el viejo sindicato de Sweeney, la NUP incluye al sindicato de empleados de hoteles y restaurantes (HERE) y el sindicato textil UNITE, junto con los obreros agrícolas y, extraoficialmente, el sindicato de los carpinteros, que está afuera de la AFL-CIO. Su propuesta: una reestructuración de arriba hacia abajo en la que se fusionarán los sindicatos pequeños con los más grandes y se rearmarán las jurisdicciones según 15 industrias clave.

Según se sabe por documentos que se filtraron en los medios de comunicación, los consejos sindicales locales serían abolidos y reemplazados por funcionarios designados, al tiempo que se destinaría el 77 por ciento del presupuesto sindical a organización, mientras que la mayor parte del resto sería destinado a la política. Pero la centralización forzada y la asignación de mayores recursos para organización no revertirán el declive del movimiento obrero.

Primero, la democracia sindical no es un extra optativo. Es la esencia de lo que hace que la clase obrera sea un movimiento. Una burocracia obrera más reducida y enérgica sigue siendo una burocracia.

Y no hay forma alguna de que el movimiento sindical reclute nuevos miembros para revertir su declive si no puede defender los intereses de los miembros que tiene hoy. Esa es la razón por la cual la actual huelga y lockout de 70.000 trabajadores de supermercados del sur de California [1] es más importante para el futuro del movimiento obrero que los mapas y hojas de cálculo de los estrategas de la NUP.

Un movimiento obrero que acepta concesiones rutinariamente nunca podrá organizar a los desorganizados a escala de masas. Y esa es una cuestión que el debate que está surgiendo alrededor del NUP ha ignorado hasta ahora.


Lee Sustar escribe para Socialist Worker, el periódico de la International Socialist Organization (ISO) de EE.UU., donde fue publicado originalmente este ensayo en inglés. Su e-mail es: lsustar@ameritech.net


[1] Ver Celeste Murillo, "Southern California: la huelga de los trabajadores de supermercados", en la sección Colaboraciones de Panorama Internacional

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