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Anticapitalistes
  
diumenge 24 de juny de 2012 | Manuel
Escocia: Separarse es bueno. Argumentario socialista + ¿por qué los socialistas deben apoyar la independencia?

John McAllion / Colin Fox

Hasta el referéndum programado para el otoño de 2014, la independencia de Escocia será el foco de atención de la política británica. Durante los dos años que restan hasta entonces, los medios de comunicación se inundarán de políticos partidarios de la unidad y nacionalistas que defenderán, o no, la supervivencia de una unión política que dura ya más de 300 años.

Es muy probable que tanto los diputados de Westminster [sede del Parlamento británico] como los de Holyrood [sede del Parlamento escocés] dominen ese debate. En los estudios de grabación de todo el país, el dirigente parlamentario del SNP [Partido nacionalista escocés] Alex Salmond se batirá con sus adversarios, partidarios de mantener la unión. Sin embargo, lo que faltará seguro en los argumentos de estos políticos centristas será cualquier perspectiva socialista sobre los méritos, o no, de una independencia escocesa.

Hay un argumento socialista a favor de que Escocia sea un país independiente. El problema es que no hay muchos socialistas fuera de Escocia que lo conozcan. Y durante mucho tiempo tampoco se ha conocido dentro del país. Salvo excepciones notables como Tom Nairn, que publicó una colección enriquecedora de ensayos que pronosticó la separación de Gran Bretaña en 1977 y que ha perseverado en la articulación de un argumento de izquierdas a favor de la independencia escocesa, la mayoría de la izquierda escocesa despachó inicialmente el brote nacionalista de los años 70 como la antítesis de lo que representaba el socialismo.

El nacionalismo sustituyó la identidad nacional por la lucha de clases. Si la historia de la sociedad que existió hasta ese momento hubiese sido realmente la de la lucha de clases, entonces sólo los reaccionarios hubieran sancionado la ruptura de la unidad obrera a lo largo de las islas. Se dio por perdido al SNP como los tartan Tories [conservadores de tartán] y al Partido nazi escocés. Habían colaborado en la caída del gobierno de Callaghan [laborista] en 1979 y habían abierto la puerta al Thatcherismo.

La izquierda se lo piensa

Dieciocho años de Thatcher y Major hicieron que muchos sectores dentro de la izquierda escocesa se lo pensaran mejor. En cuatro elecciones generales consecutivas Escocia había votado laborista mientras el extremismo conservador nos ahogaba. Votar a los laboristas ya no era suficiente. Necesitábamos protección institucional contra las tendencias conservadoras de los votantes del sur. Necesitábamos un parlamento escocés como amortiguador contra los gobiernos de Westminster a los que nunca habíamos votado.

Algunos sectores del Laborismo pensaron que un parlamento escocés con las competencias cedidas dentro del Reino Unido mataría la versión del SNP del nacionalismo. En cambio, la campaña por la devolution [más parecida a la autonomía que a la independencia] encendió un debate dentro de la política escocesa de donde emergió una izquierda nacionalista dentro y fuera del Partido Laborista. El ex comunista Jimmy Reid y el diputado del Partido Laborista fueron sólo dos de los socialistas más conocidos que emprendieron viajes políticos hacia el nacionalismo cívico de un SNP renovado y por aquel entonces socialdemócrata.

Otros, como Tommy Sheridan expulsado del Partido Laborista, ayudarían a fundar el SSP [Partido socialista escocés], cuyo objetivo primordial fue establecer una república escocesa socialista. Al hacer esto, ayudaron a recuperar la memoria de una izquierda nacionalista perdida que incluyó a personas como John Maclean y James Connolly. El nacionalismo ya no era tóxico para muchos sectores de la izquierda escocesa. La ruptura de Gran Bretaña se empezó a ver como algo progresista.

También es cierto que no toda la izquierda escocesa estaba, ni está, convencida de esto. El Partido Comunista de Gran Bretaña sigue aferrado a su visión del British Road to Socialism [camino británico hacia el socialismo]. La izquierda dentro del Partido Laborista insiste en que todavía puede resucitar al Partido Laborista de 1945 del desastre neoliberal de New Labour. Gran parte de la izquierda activista que queda dentro de los sindicatos recula instintivamente ante una causa que no sólo rompería Gran Bretaña, sino también sus propias organizaciones.

Argumentan que Escocia es demasiado pequeña e insignificante para desafiar el poder global del capital. Mantienen que la división real dentro de la política es entre la derecha y la izquierda más que entre Escocia y el resto de Gran Bretaña. Ven una separación por parte de Escocia como una traición a la solidaridad y unidad obreras a lo largo de las islas. Insisten en que sólo las instituciones británicas, como un parlamento autonómico con mayores poderes económicos y fiscales, podrían desafiar el capitalismo del siglo XXI.

Al posar como internacionalistas, ignoran la perspicacia del difunto Jimmy Reid quien afirmó que sin nacionalismo no puede haber internacionalismo. Consumidos por su odio a la versión escocesa del nacionalismo, no ven las implicaciones debilitantes del propio nacionalismo británico. Se aferran desesperadamente al Partido Laborista británico que les ha conducido por la senda parlamentaria que se desvía del socialismo. Están atrapados dentro y supeditados al Estado británico que ni comprenden del todo ni saben cómo reformar.

El precio de la unidad

Se paga un precio por pertenecer a Gran Bretaña. Un escaño permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU tiene como precio las costosas armas nucleares emplazadas en las riberas del río Clyde. Después de Estados Unidos y China, Gran Bretaña es el tercer país con más gasto militar del mundo, casi 40 billones de libras sólo en 2011. Gran Bretaña es un Estado bélico que se ha involucrado en 22 guerras y conflictos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Los gobiernos británicos se gastaron 1,2 trillones de libras en el rescate de un sector bancario y financiero sin regulación que ellos mismos habían creado en la City de Londres.

Está claro que ese precio lo pagó la clase trabajadora a lo largo de Gran Bretaña en la forma de recortes en gastos sociales, privatizaciones, desregulaciones y leyes antisindicales más duras que cualquier estado miembro de la Unión Europea. También se paga bajo la versión deformada de democracia en Gran Bretaña. El término democracia parlamentaria disfraza más de lo que revela. Seguimos siendo súbditos de un monarca hereditario que es también comandante en jefe de nuestras fuerzas armadas. La soberanía o el poder político del Estado se confiere a la ‘corona en el parlamento’ y no al pueblo. La Cámara de los Lores no se elige y está llena de gente interesada y agradecida. Tenemos un sistema electoral que apuntala un sistema de partidos políticos que consiste en dos partidos y medio [Conservador, Laborista y Liberal Demócrata] y que ofrece a los electores poca elección democrática real.

¿Vale la pena luchar por esto? ¿O podría la independencia escocesa abrir nuevas posibilidades para el avance socialista no sólo en Escocia sino también en las otras naciones de Gran Bretaña? Los temas que están actualmente excluidos por la política británica volverían a emerger por lo menos como discutibles. Se volvería a oír de la posibilidad de una república. Habría que retirar los misiles Trident del río Clyde y seguramente descartarlos por razones de coste. Las salvajes leyes antisindicalistas de los Tories se impondrían al norte de la frontera y se socavarían en el sur.

La autonomía ha protegido siempre a Escocia contra los intentos de los Tories de privatizar el NHS [sistema nacional de salud] y de destruir el sistema de educación comprensiva [un sistema que no selecciona a los alumnos en base a sus rendimientos o aptitudes académicos]. La independencia dejaría fuera las actuales reformas del Estado de bienestar que amenazan a los vulnerables y a los pobres. Abriría también la posibilidad de un futuro productivo escocés que no dependiera de la construcción de los gigantescos portaaviones para la Marina Real, cuya misión es llover muerte y destrucción sobre los trabajadores al otro lado del mundo.

El capitalista no tiene país y está en ninguna parte y en todas partes al mismo tiempo. El capitalismo no es ni escocés ni británico. Es global. Influir en él o controlarlo requerirá la cooperación transfronteriza de movimientos obreros nacionales. Estos movimientos obreros, a cada lado de la frontera entre Escocia y el resto del Reino Unido, estarán bien situados para demostrar cómo la acción coordinada puede y debe ocurrir.

En realidad la elección es muy sencilla. Seguir como antes dentro de un Estado anticuado y reaccionario que subyuga legalmente a los sindicatos y que no tiene espacio político para el socialismo. O empezar a separar ese Estado en nombre del progreso y el avance social y al hacerlo, liberar la energía y potencial por toda Gran Bretaña de una izquierda que ha estado en retirada durante demasiado tiempo.

John McAllion es miembro del SSP, ex diputado en Westminster por el Partido Laborista y ex diputado en el Parlamento escocés.

Font: www.redpepper.org.uk

Traducido para Rebelión por Christine Lewis Carroll


Escocia: ¿por qué los socialistas deben apoyar la independencia?

Colin Fox

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SSP

Tommy Docherty, el legendario y genial manager del Manchester United, declaró después de que su equipo sufriese una derrota humillante: “hemos perdido 4-0, y francamente, tuvimos suerte de conseguir el cero”. Los Tories en Escocia saben exactamente cómo se sintió, ya que solo cuentan con uno de los 56 parlamentarios y ¡tienen suerte de tener ese!

Por increíble que parezca, sus compañeros de coalición en Londres son aún más despreciados. Los Demócrata-Liberales no cuentan con ningún representante electo en el parlamento escocés por ninguno de sus condados y fueron “destrozados” en las últimas elecciones locales por unirse a los odiados conservadores Tories en el parlamento de Westminster.

Todo ello plantea a los laboristas un gran dilema. Como impulsores de la campaña “No a la Independencia” están en coalición con los Tories y los Liberal-demócratas. El exparlamentario escocés Charlie Gordon, que perdió su puesto ante el SNP (Scottish National Party) expresó el extendido desasosiego que embarga a las gentes de Ed Miliband cuando twiteó recientemente, “los millones de los Tories y los activistas laboristas ‘Mejor Juntos’ !!??”.

Esta es la oposición política que se enfrenta al exuberante movimiento independentista que se manifestará por Edinburgo este sábado 22 de septiembre. Será la primera vez que los soberanistas tengan la oportunidad de reunirse desde que se lanzase la campaña Yes Scotland en junio. Promete ser un gran día. El Primer Ministro Alex Salmond tomará la palabra por parte del SNP como Patrick Harvie lo hará por los Verdes y yo mismo por el SSP (Scottish Socialist Party). Nuestros tres partidos —fundadores de la Scottish Independence Convention en 2005 — se reunirán con miles de personas que llegarán de toda Escocia, incluyendo a muchos miembros de asociaciones cívicas y culturales.

Es digno de atención que los términos del debate han cambiado significativamente desde los años 90. Los “unionistas” aceptan ahora que Escocia es una nación con el derecho inalienable a la autodeterminación. También aceptan que Escocia es perfectamente capaz de gestionar sus asuntos, e incluso admiten que seríamos una de las naciones más ricas del mundo. No siempre fue así. Pero ellos insisten, “estaríamos incluso mejor siendo parte del Reino Unido”. Volveré sobre este argumento, pero primero es importante remarcar que el que los socialistas apoyemos la autodeterminación no nos hace nacionalistas. Lenin, por ejemplo, apoyó el derecho de los pueblos a la autodeterminación, como lo hicieron Rosa Luxemburgo, John MacLean y James Connolly. Nadie que conozca sus obras les llamaría “nacionalistas”.

La independencia no está reñida con la lucha de clases, es parte de ella. Y para el Partido Socialista Escocés, la independencia quiere decir que los escoceses serán libres del dominio neoliberal de los especuladores financieros que dominan hoy la economía mundial. El SSP ve en la independencia un paso hacía una sociedad mejor y no un fin en sí misma. Trabajamos por una Escocia socialista independiente, una república democrática moderna. Y esta visión esta concitando mayores apoyos a medida que se desarrolla el debate.

El SSP defiende que si todos los ingresos, rentas, tasas, impuestos y tributos recaudados en Escocia, y actualmente transferidos al Tesoro del Reino Unido, se quedasen aquí, es evidente que Escocia sería un lugar más próspero. Pero también aceptamos que la gente trabajadora solo estará mejor si lucha por compartir esta riqueza. No hay ninguna mejora automática que se derive de la independencia. Solo la clase trabajadora puede mejorar sus estándares colectivos de vida. Y mejorarlos es imprescindible, porque Escocia padece una de las peores condiciones sociales en el Reino Unido. Con 225.000 personas oficialmente desempleadas y cerca de 800.000 trabajadores a tiempo parcial o temporal ganando el salario mínimo interprofesional (£6.08), hace falta mucha ayuda. Una de cada tres unidades familiares tirita en la pobreza y la calidad de vida se desploma sin remedio. Las obscenas desigualdades escocesas se extienden sin parar mientras padecemos las consecuencias de la peor recesión económica en 80 años. Los 1.700 empleos perdidos esta semana en la empresa cárnica Halls of Broxburn son simplemente el último caso en una larga cola de reveses colectivos.

El debate sobre la independencia, hasta ahora, ha sido muy criticado por estar demasiado enfocado en temas de procedimiento: si habrá una sola pregunta o dos en la papeleta de voto, si el parlamento escocés tiene poder legal para convocar el referéndum, quién supervisará el proceso electoral... Por eso, el debate debe enfocarse cuanto antes en el tema más importante: ¿La clase trabajadora estará mejor con la independencia o no?

Mejor Juntos defiende que Escocia se beneficia y recibe transferencias de la Unión. La verdad es que el capitalismo británico impide el avance de la clase trabajadora escocesa. Deniega oportunidades y ahora está llevando a cabo drásticos recortes en sus servicios públicos básicos. Igualmente, el belicismo británico, con el quinto mayor presupuesto militar del mundo, nos avergüenza a todos con la ocupación de Afganistán, después de haber invadido Irak y bombardeado Libia.

Todo esto plantea cada vez más una pregunta directa a los progresistas escoceses: ¿debemos situar nuestras esperanzas en otro gobierno laborista inútil, o poner rumbo a la independencia? Ed Miliband promete más recortes, más belicismo, más exenciones de impuestos para los ricos, más subidas para la clase trabajadora, más privatización y más asaltos contra las libertades públicas. Hemos tenido más que suficiente de todo ello. La tradición social demócrata escocesa aspira a otras políticas: la abolición del copago en la sanidad, la gratuidad del cuidado a la tercera edad, la educación universitaria gratuita... Estas prestaciones simbolizan el compromiso escocés con el colectivismo, el rechazo a la austeridad, los recortes y, sobre todo, los Tories.

El movimiento por la Independencia tiene una oportunidad excepcional de transformar Escocia y de dar al país la política que necesitan los ciudadanos. El camino para ganar el referéndum es defender esta “agenda transformadora” y promover una visión alternativa para Escocia; una que rechace el neoliberalismo, y el actual modelo capitalista y belicista.

Colin Fox es el portavoz del Scottish Socialist Party (SSP), antiguo diputado escocés por Lothian y su representante en el Comité Coordinador de la campaña soberanista Yes Scotland

Font: www.sinpermiso.info

Traducció: Enrique García


ENTREVISTA CON NEIL DAVIDSON SOBRE EL REFERÉNDUM EN ESCOCIA:
“La campaña del No es reaccionaria”

[Escocia fue un reino independiente desde la Alta Edad Media, a menudo en guerra contra Inglaterra, que era una gran potencia europea.

En 1603, a la muerte de la reina de Inglaterra Isabel I, el rey de Escocia Jacobo VI Estuardo heredó el trono de Inglaterra. Convertido así en Jacobo I de Inglaterra, se proclamó “rey de Gran Bretaña” pero los dos reinos estaban unidos únicamente por la persona del rey.

En 1700, los parlamentos de los dos reinos emprendieron negociaciones para una unión bajo un único parlamento y un único gobierno. El Tratado de Unión, votado por los dos parlamentos, fundó en 1707 el Reino Unido.

Escocia conservó su Iglesia de Escocia, calvinista presbiteriana, y su sistema de leyes y de tribunales.

Desde el siglo XIX, el Reino Unido es una unión de cuatro naciones (bien conocidas por los aficionados al fútbol y al rugby): Inglaterra, País de Gales, Escocia, Irlanda (desde 1921, Irlanda del Norte).

Escocia, con una superficie la mitad de la de Inglaterra, no tiene más que 5,3 millones de habitantes, contra 53 millones de Inglaterra, es decir diez veces menos.

Vueltos al poder en 1996, los laboristas del Labour Party mantuvieron la promesa hecha a los escoceses y el Parlamento de Londres accedió a la reivindicación de los nacionalistas escoceses de convocar un parlamento escocés en Edimburgo. Tras un referéndum en Escocia, el parlamento de Londres, por la Scotland Act de 1998, devolvió varias competencias de gobierno regional al parlamento escocés.

Fue, en el viejo francés del derecho anglosajón, la Dévolution.

A diferencia de la Cámara de los Comunes de Londres, elegida por un sistema estrictamente mayoritario, el parlamento escocés tiene 73 miembros elegidos en las circunscripciones mediante el sistema mayoritario, más 56 elegidos por escrutinio de lista, con suma de los restos y reparto según el sistema Hondt, para que los 129 diputados en total correspondan a una representación proporcional de los partidos.

Las tres primeras legislaturas dieron lugar a gobiernos escoceses de coalición entre los laboristas y los liberal-demócratas, pero las elecciones de 2011 dieron una mayoría absoluta al Partido Nacional Escocés. El Parlamento de Londres accedió a su exigencia de permitir un referéndum, el 18 de septiembre de 2014, para que los habitantes de Escocia decidieran si quieren Sí o No que Escocia vuelva a ser un país independiente.

Independiente, aunque bajo la corona de la reina Isabel, reina legítima de Escocia (Robert Lochhead)].

A l´Encontre: ¿Cuál es la situación económica de Escocia tras la gran recesión de 2007?

Neil Davidson: Escocia fue severamente desindustrializada en los años 1980, y muy en particular su mayor ciudad, Glasgow. Las viejas industrias pesadas, construcciones metálicas, mecánicas, astilleros, minas, carbón, habían dejado de existir en lo fundamental a finales de los años 1980.

La economía escocesa está ahora basada fundamentalmente en el turismo, la industria alimentaria, y la industria electrónica, esencialmente la manufactura de los juegos de video.

El mayor empleador es el sector público, tanto el del gobierno escocés como el del gobierno central de Londres. Solo el Servicio Nacional de Salud (National Health Service/NHS), supone en Escocia 150.000 asalariados, enfermeros y enfermeras, médicos y médicas, personal administrativo, etc.

La economía escocesa no es en general muy diferente de la del resto del Reino Unido. Escocia tiene probablemente un PIB y una tasa de empleo más elevada que la mayor parte de las regiones de Inglaterra, salvo la región de Londres.

Aberdeen, en el noreste, la tercera ciudad escocesa tras Glasgow y Edimburgo, es el centro económico escocés más rico, principalmente debido al petróleo del Mar del Norte, pero también por sus industrias y los bancos.

La recesión de 2007 ha sido muy dura en Escocia, igual que en otros lugares, sin diferencia significativa con Inglaterra.

Los dos grandes bancos escoceses, Royal Bank of Scotland y Clysdesdale Bank, se han hundido y han tenido que ser rescatados por el gobierno de Londres. Pero si estos dos bancos tienen su sede central en Glasgow por razones históricas y sentimentales, no son bancos escoceses ni por sus dirigentes ni por su capital. Son bancos internacionales y si Escocia se volviera independiente, transferirían sus sedes a Londres porque la mayor parte de sus negocios están en Inglaterra y en el resto del mundo.

Imprimen, cierto, las libras esterlinas escocesas pero por el Acta de Unión de 1707, todos los bancos escoceses recibieron el derecho a imprimir billetes de banco equivalentes a los del Banco de Inglaterra. Pero ninguno de los dos es un banco público a diferencia del Banco de Inglaterra que, él sí, funciona para todo el Reino Unido. Aunquei fueron escoceses quienes lo fundaron en Londres en 1694.

En Escocia hay mucha pobreza, particularmente en Glasgow. En ciertas barriadas del noreste de Glasgow hay las mayores tasas de mortalidad, y de ciertas patologías, de toda la Europa occidental. La esperanza de vida de los hombres no supera allí los 62 años, peor que en Irak. Es una pobreza muy particular de Escocia, muy antigua, que se remonta a hace decenios, cuando no siglos. Parece debida, entre otras causas, a una mala alimentación y mala vivienda. Es una pobreza de larga duración distinta del problema a corto plazo de los sin techo. Los programas públicos tienen dificultades para producir mejoras. Esta pobreza, llamada por los epidemiólogos el efecto Glasgow, se agravó en los años 1950 y se ha multiplicado con la desindustrialización brutal de los años 1980 acelerada por el gobierno conservador de Margaret Thatcher. Se encuentra también este tipo de pobreza en Dundee, la otra gran ciudad desindustrializada.

Aberdeen es diferente, con una baja tasa de paro. Muchas regiones de Escocia son verdaderamente muy ricas y Escocia, en términos generales, es probablemente una de las regiones más ricas de Gran Bretaña. No es un patio trasero golpeado por la pobreza como el norte de Inglaterra.

¿Cuál es la situación del gasto público?

Ha habido recortes severos en el presupuesto del Welfare (este término inglés designa lo que llamamos la seguridad social, el seguro de paro, la invalidez, la ayuda social, la ayuda a los huérfanos, el seguro de enfermedad y de accidentes, etc.) El Welfare escapa a las competencias del parlamento escocés. La Dévolution confió al parlamento escocés el Servicio Nacional de Salud (National Health Service /HNS), la policía, las carreteras, la agricultura, la pesca, los bosques, la justicia y la educación. Pero no la defensa, la seguridad social, la energía, las telecomunicaciones, ni la mayor parte de los impuestos, que son gestionados desde Londres.

El parlamento escocés, con los votos del SNP y los laboristas, ha votado medidas para neutralizar en Escocia las medidas antisociales más duras decididas en Londres. En particular la famosa “tasa sobre los dormitorios” (Bedroom Tax). Se han destinado 15 millones de libras a ayudar a los 76.000 hogares escoceses, inquilinos de sus apartamentos, golpeados por la Bedroom Tax.

¿Qué es la Bedroom Tax?

Si disfrutas de una ayuda del Welfare y tu vivienda tiene más dormitorios de los que necesitas, o bien te vas de esa vivienda o te recortan una parte de las ayudas. Como no hay casi casas a las que la gente podría mudarse, esta medida ha disminuido esencialmente las prestaciones que cobran los hogares más pobres. Es una medida muy opresiva que ha suscitado una fuerte resistencia. Golpea a gentes que han pasado toda su vida en una vivienda, en un lugar en el que viven sus amigos, porque tienen una habitación suplementaria en la que duermen sus hijos que están estudiando fuera cuando vuelven en vacaciones, o los soldados cuando vuelven del ejército.

Desde el punto de vista de la clase obrera, ¿en qué es diferente Escocia de Inglaterra?

Para empezar, en Escocia el partido conservador es minoritario, alrededor del 12% de los votos, cuando había sido mayoritario en 1950 con el 51%. Actualmente solo hay un diputado conservador en el parlamento escocés.

¿Esto debilita la aplicación del neoliberalismo?

Haría la distinción entre el neoliberalismo doctrinario y radical del tipo de Thatcher y el social-liberalismo. Actualmente, en cierta medida, todo el mundo en Escocia es social-liberal, principalmente el SNP y el Labour. Son favorables a los mercados en todo, pero fuertemente antiracistas, antisexistas, a favor de los derechos de los homosexuales –el matrimonio homosexual es una realidad–, por los derechos de los inmigrantes. Son diferencias notables con el gobierno conservador de Londres, en particular con su histérico discurso antiinmigrantes. El gobierno escocés del SNP tiene el mérito, hay que reconocerlo, de declarar que los inmigrantes son bienvenidos y de realizar cosas positivas para su integración.

Hay una especie de desfase del discurso que, aquí en Escocia, es diferente. El SNP ha prometido defender todas las reformas de los gobiernos precedentes. En Escocia, a diferencia de Inglaterra, la atención sanitaria es gratuita para los viejos; los estudiantes (los que son habitantes de Escocia por lo menos) no pagan gastos de escolaridad, mientras que en Inglaterra son muy elevados y cada vez más hunden a los diplomados en deudas para toda su vida; los medicamentos por receta médica son gratuitos. Son diferencias significativas. El NHS está gestionado aquí de una forma diferente, su privatización y su marketization (sumisión a las leyes del mercado) apenas tiene lugar en Escocia.

En su campaña por el No a la independencia, el Labour dice que nada de todo eso va a perderse porque son competencias en manos del parlamento escocés. Pero es ingenuo, o poco honrado, pues es Londres quien tiene el grifo de los fondos y si Londres recorta en el presupuesto escocés...

Las escuelas son competencia del gobierno escocés y Escocia no ha sido afectada por la privatización salvaje de la enseñanza que ha transformado las escuelas inglesas en un caos completo. El responsable ha sido Michael Gove, secretario de estado para la educación del gabinete de David Cameron, desde 2010 al pasado 15 de julio, que es un ideólogo de la privatización de la escuela. Un escocés por otra parte.

En tu artículo hablas de las academies y free schools en Inglaterra...

Las academies y las free schools son escuelas públicas, financiadas por el presupuesto público pero que han sido arrebatadas a los consejos locales (municipios y condados) a fin de que se gobiernen ellas mismas, estableciendo con el ministerio un acuerdo que les deja la decisión sobre los programas y medios de enseñanza. Hay una cierta regulación por el estado, pero el gobierno local electo no tiene mucho que decir: las escuelas públicas se han convertido en escuelas religiosas, cristianas, musulmanas en ciertos lugares, o judías, o comerciales, o de un patrocinador capitalista o de otro. Las escuelas, que las colectividades locales tenían la costumbre de gestionar, han sido puestas en competencia las unas con otras, para ver cuál atrae a más estudiantes.

En Escocia, no ocurre nada de eso. Hay, cierto, una vieja tradición minoritaria de escuelas privadas, esencialmente las escuelas católicas (por la fuerte minoría de origen irlandés), pero en Escocia, fundamentalmente se envía a los hijos a la escuela pública del barrio. En su conjunto, las colectividades locales continúan gestionando las escuelas y es, por tanto, un sistema escolar mucho más centralizado que en Inglaterra, bajo la dirección del ministerio escocés de la instrucción pública.

Medios patronales, o la prensa de Rupert Murdoch, han denunciado a Escocia como una excepción comunista...

Si, hubo un poco de eso hace algunos años, pero hay en Escocia una fuerte tradición de comunidad política que reúne burguesía y clase obrera. En Escocia, la burguesía está más cercana a la clase obrera.

¡Pero no es que estén de acuerdo! En Escocia la lucha de clases ha sido siempre muy dura, pero mezclados en el mismo barrio, la misma parroquia, la misma pequeña ciudad, las mismas asociaciones, clubs deportivos y sociedades folklóricas. En Escocia, la clase obrera representa un mayor porcentaje de la población, y una gran parte de la burguesía está ligada al sector público: administradores y médicos del NHS, profesores de universidad, pastores de la Iglesia de Escocia...

Las universidades escocesas son formalmente fundaciones caritativas pero de hecho funcionan como servicios públicos en relación con el ministerio de educación escocés.

La ruptura histórica fue Margaret Thatcher, que provocó el hundimiento del partido conservador en Escocia pues fue percibida como la encarnación de la condescendencia hacia el pequeño hermano escocés, la encarnación de “lo británico” (britishness). Más exactamente de la Inglaterra de las tierras medias, por oposición a Londres, el bastión histórico del Labour y la bestia negra de la Thatcher.

El agua en Escocia sigue siendo pública, mientras en Inglaterra está privatizada, la eliminación de los residuos, igual. Por el contrario, y como en Inglaterra, los ferrocarriles y los transportes por autobús fueron privatizados por Thatcher; se desarrolla la competencia entre varias compañías y ha sido Virgin quien se ha apropiado del eje ferroviario rápido Aberdeen-Londres.

Es importante subrayar que esos aspectos positivos desde el punto de vista de la clase obrera no tienen nada que ver con ningún tipo de genio o espíritu escocés supuestamente más social. Es el producto de una historia contingente, que habría podido ser diferente, el producto de luchas y de correlaciones de fuerzas en ciertos momentos. Esto no se mantendrá más que mediante luchas obreras.

¿Cómo está organizada la izquierda escocesa?

La izquierda escocesa está muy fragmentada. El Partido Laborista (Labour Party) es probablemente mayor que el SNP en número de miembros inscritos y tiene una relación orgánica con los sindicatos. El laborismo inglés está muy a la derecha en términos social-liberales. Está muy vigilado por los dirigentes del Scottish Trade Union Council, muy burocratizado y moldeado por la colaboración de clases tradicional, aunque los sindicatos tienden a estar un poco más a la izquierda que el Labour. El Labour puede defender en determinadas ocasiones un discurso de izquierdas. Es muy fuerte en las colectividades locales, pero el SNP no ha dejado de avanzar en ellas. El SNP tiene más escaños en el parlamento. Desde los años 1960, el Labour representaba a Escocia en la Cámara de los Comunes en Londres. Gobernaba entonces en Glasgow. El Labour ha tenido siempre una izquierda pero no tan fuerte como en Londres. El Labour está absolutamente en contra de la independencia. Para el Labour, el gobierno de Londres ha sido siempre el lugar de donde debe salir el cambio que promete a sus electores. La dirección está absolutamente a favor de la unión de los dos reinos. Participa con el partido conservador y el partido liberal-demócrata en la campaña Better Together (Mejor juntos) que se ocupa de asustar a los electores, martilleándoles con que la Escocia independiente sería más pobre, que no podría pertenecer a la Unión Europea; una campaña de miedo apoyada por la Unión Europea y por Barack Obama.

Alrededor de la cuarta parte de los laboristas escoceses están a favor de la independencia y hay una campaña Labour for Independence.

En Escocia también hay una fuerte influencia de los “restos” del Partido Comunista. El PC fue muy fuerte en Escocia, como en el País de Gales. De hecho su dirección histórica era escocesa, de Glasgow más precisamente. El Partido Comunista se dividió en dos en 1992 entre los eurocomunistas y los estalinistas. Los eurocomunistas fundaron Democratic Left que no está representada en el parlamento escocés, ni los estalinistas tampoco.

Willie Gallacher, de Glasgow, sindicalista y héroe de la oposición de los obreros de los astilleros de la Clyde a la Primera Guerra Mundial, fue el diputado comunista en la Cámara de los Comunes en Londres, elegido por la circunscripción de Fife, entre Glasgow y Dundee, de 1935 a 1950, el único entre 1935 y 1945, con otro diputado comunista de 1945 a 1950.

Estos “restos” del PC tienen una fuerte influencia en los sindicatos y controlan el de los empleados de los servicios públicos. En la izquierda escocesa hay una huella de cómo organizan, su concepción de los frentes populares, cómo argumentan...

También están los Verdes del Scottish Green Party, que han tenido hasta 7 escaños entre 2003 y 2007. En Edimburgo, los Verdes están bastante a la izquierda.

¿Y qué hay de la izquierda anticapitalista?

Toda la izquierda radical estuvo reunida entre 2000 y 2006 en el Scottish Socialist Party (Partido Socialista Escocés). Tuvo hasta 6 escaños en 2003, el año álgido del movimiento antiguerra. Fue fundado por Militant, trotkystas que estaban en el Labour, primero bajo la forma de la Socialist Alliance. El SWP fue el último grupo importante que entró. Era una fuerza seria, tenía electos locales, un periódico, apariciones en la TV.

El Partido Socialista Escocés estalló en 2006 con el penoso asunto de Tommy Sheridan, el primer diputado del partido en la legislatura 1999-2003. Acosado por la prensa amarilla de Rupert Murdoch, por la policía y, quizás, por los servicios secretos, creyó poder negar sus correrías sexuales logrando condenar a News of the World por difamación en 2007. Pero fue condenado en 2010 a tres años de prisión por incitación a falso testimonio y perjurio. A partir de entonces, el SSP no tiene ya diputados y solo tiene una existencia residual.

El SWP, desde nuestra salida en 2013, ha perdido mucho en Edimburgo, pero sigue siendo fuerte en Glasgow que históricamente había sido uno de sus bastiones. Muchos de sus miembros se dieron de baja sin venir con nosotros. Nosotros somos un pequeño grupo de 35 personas pero colaboramos con él. En efecto, a pesar de la penosa crisis del SWP, al que hemos abandonado muchos, su dirección no nos ataca públicamente y colaboramos mucho con sus miembros, en particular en la campaña contra la extrema derecha.

¿Hay una izquierda por el No?

No realmente. La izquierda del Partido Laborista está por el Si. Aunque los restos del PC son muy activos por el No.

La aparición en 2012 de la Radical Independence Campaign (RIC) al margen de todos los partidos y grupos organizados, con 900 personas en su primera conferencia nacional, sorprendió a todo el mundo. Fue fundada por exmiembros del SSP, un dirigente Verde y estudiantes de Glasgow. Reúne todo un arco iris, desde una izquierda del SNP hasta la izquierda anticapitalista, pasando por los Verdes y el movimiento antiguerra y antinuclear. Nosotros somos todos miembros a título individual. En su conferencia nacional del año pasado, reunió a alrededor de 1200 personas. Es enorme para un pequeño país.

La RIC ha construido secciones locales en todas partes, ha ido a hacer campaña a los barrios obreros, lleva a cabo una campaña de puerta a puerta para que la gente se inscriba en las listas electorales. Está organizada democráticamente. Y está introduciendo en la campaña por la independencia los intereses de la clase obrera: empleo, welfare, NHS; ha desplazado a la izquierda los términos del debate y ha galvanizado la izquierda política. Es un fenómeno de masas que no se puede comparar más que al movimiento antiguerra de 2003 y al movimiento contra el impuesto de capitación (Poll Tax) de Margaret Thatcher a comienzos de los años 1990.

La campaña sobre estos temas hay que llevarla a cabo de forma eficaz antes de la votación del 18 de septiembre, para estar en las mejores condiciones tras la votación, cualquiera que sea el resultado. Este movimiento tendrá vida tras el 18 de septiembre, incluso si gana el No. Ha movilizado sectores nuevos en debates sobre una política económica diferente, ecológica y socialista, sobre el imperialismo británico, sobre la nacionalización del petróleo del Mar del Norte, la salida de la OTAN, el impuesto sobre la riqueza y las ganancias capitalistas, el capitalismo, la democracia, etc. La RIC ha convocado ya una conferencia nacional para el próximo noviembre.

Hay ahí una dinámica por un nuevo partido de izquierdas. La cuestión no está en que la RIC pueda convertirse en ese nuevo partido. Está claramente constituida como un frente unido que reúne a diferentes componentes, como la izquierda del SNP, los Verdes y mucha gente no organizada.

¿Vais a uniros a un nuevo partido de izquierdas si se crea uno en estos próximos años?

¿Como organización? ¡Por supuesto!

¿En qué consiste la izquierda del SNP?

El SNP es completamente un partido pequeñoburgués. Fue fundado en 1928 por médicos, pastores de la Iglesia de Escocia, pequeños empresarios y comerciantes, todos muy hostiles al movimiento obrero pero también muy hostiles al gran capital identificado con Londres.

Uno de los fundadores del SNP en 1928, y una de sus figuras en los años 1940-1950 ,fue el poeta Hugh MacDiarmid (1892-1978), a la vez nacionalista escocés y comunista. Diarmid tuvo una trayectoria política rara, pero es un gran poeta modernista, muy querido en Escocia, que escribía en inglés, en scots, el dialecto inglés escocés, así como en gaélico, la lengua céltica hablada en las Hébridas.

Desde la Dévolution en 1998, y en el gobierno escocés desde 2011, el SNP se ha vuelto relativamente más socialdemócrata, sufriendo la presión del movimiento de defensa del sector público y del movimiento antiguerra y antinuclear. En 1999, el SNP tomó posición contra los bombardeos de Serbia por la OTAN.

En la RIC, mucha gente piensa que pueden transformar el SNP empujándole a la izquierda. Pienso que se equivocan. Hay claramente un límite a la izquierda que un partido nacionalista pequeñoburgués como el SNP no puede franquear. Pero es posible tener un diálogo con los miembros del SNP y actuar a su lado.

Es más fácil que con los Liberal-Demócratas. Históricamente, el partido liberal ha sido el partido burgués dominante en Escocia, desde 1832. El Labour salió de las filas del partido liberal en los años 1880-1890. En 1981, un ala derecha del Labour escindió y se fusionó con el Partido Liberal para formar el Partido liberal-demócrata. En Escocia, hubo una coalición formal de los Lib-Dem y del Labour en el gobierno escocés de 1999 a 2011.

Aliándose con David Cameron en Londres para dar una mayoría parlamentaria al gobierno conservador en 2010, los Lib-Dem se suicidaron, por lo menos en Escocia. Para ellos es muy difícil renacer. En Escocia, sus miembros críticos se han sumado al SNP o al Labour, sobre todo al SNP. En Escocia, solo el SNP y el Labour pueden formar un gobierno.

¿Con qué programa hacéis campaña a favor del Si?

Como socialistas revolucionarios y no nacionalistas, nos vemos confrontados a una opción entre el No y el Si cuyos términos no hemos elegido. Entre una independencia querida por el SNP y el estado de la gran potencia imperialista británica. La opción puede parecernos una desviación de las tareas urgentes de lucha contra la austeridad y de solidaridad con los oprimidos. Pero raramente tenemos el lujo de poder elegir el terreno en el que tenemos que pelear.

Nuestra decisión es por tanto esencialmente táctica y no de principios. ¿Podremos construir mejor una izquierda anticapitalista, socialista-revolucionaria, tras una victoria del No o de una victoria del Si? ¿En una campaña por el Si o por el No?

Puesto que la campaña por el No está basada en el “britishness” (“lo británico”) más reaccionario, enarbolando el recordatorio de los valores conservadores e imperialistas, nuestra decisión es bastante sencilla. Se nos reprocha que nos aliemos al nacionalismo escocés, pero se olvida que hay una nacionalismo británico, un nacionalismo de la gran potencia imperial, que fue impuesto a los obreros escoceses el 5 de agosto de 1914; el nacionalismo de quienes se opusieron a nosotros cuando exigimos, y obtuvimos, que las festividades en Escocia del centenario del estallido de la Primera Guerra Mundial no honraran solamente a quienes se alistaron voluntarios, a quienes murieron o volvieron heridos e inválidos, sino también a quienes se declararon objetores de conciencia, hicieron huelga, fueron encarcelados, desertaron, se amotinaron y fueron fusilados; quienes en la navidad de 1914 confraternizaron durante algunas horas con los soldados alemanes sumándose al canto de Dulce Navidad que venía de las trincheras alemanas.

Hay luego una razón antiimperialista muy concretamente escocesa. Muy cerca de Glasgow, en el estuario del Clyde, en Loch Gare y Loch Long, se encuentra la principal base de submarinos lanza misiles estratégicos nucleares de Europa, la base de Faslane y Colport. Repetidamente, durante medio siglo, ha sido asediada, y los submarinos manchados con pintura, por los manifestantes antinucleares y antiguerra que se enfrentaban a la policía.

Tommi Sheridan se hizo célebre en 2000 y 2002, acabando en la cárcel por ello, condenado por disturbios.

De 1960 a 1991, era una base de la US Navy. Es ahora una base de la Royal Navy, el puerto de sus cuatro submarinos nucleares lanzamisiles, de nombres agresivos, como tiene que ser: HMS Vanguard; HMS Victorious, HMS Vigilant, HMS Vengeance. Pero como los submarinos británicos llevan misiles Trident II de Lockheed, proporcionados por los Estados Unidos, con 48 cabezas nucleares cada uno, el Pentágono tiene un control particular sobre esos navíos británicos, y no solo a través de los órganos de la OTAN.

En el programa del SNP está la desnuclearización del territorio escocés. Frente a los gritos histéricos de Londres y de Washington, el SNP afirma querer ser un miembro no nuclear de la OTAN, como Irlanda.

Pero Irlanda no es miembro de la OTAN

Cierto, pero Irlanda funciona para la OTAN que utiliza sus puertos y aeropuertos.

Hacemos pues campaña por una Escocia independiente no miembro de la OTAN y no dócil como Irlanda. Y el Sí es por tanto una posibilidad de romper un trozo del estado imperialista británico.

La pérdida de la base de Faslane preocupa realmente a la clase dominante británica que se preocupa por una victoria del Sí. Desplazar la base nuclear a otra parte es difícil, tomará tiempo y será caro. ¿Dónde encontrar en las islas británicas, fuera de Escocia, un estuario abrigado pero con aguas profundas?

En los periódicos que sirven a la clase dominante británica para reflexionar y debatir en su seno, el Daly Telegraph o el Spectator, se pueden leer todas esas preocupaciones. Es también la razón por la que el presidente Obama interviene tan abiertamente por el No en Escocia.

Paradójicamente, es un sector del ejército quien hace oír una voz discordante, señalando que los misiles Trident son viejos, que no corresponden ya a las realidades estratégicas actuales, escapan a “nuestro” control y cuestan un dinero que podría ser consagrado más útilmente a mejorar el ejército para las intervenciones exteriores “de hoy”. Piensa que desde 1914, no ha pasado un año sin acción de guerra británica en alguna parte del mundo; actualmente en Afganistán, entre otros sitios.

La tercera razón es más difícil de explicar. Es, digamos, democrática. La Dévolution de1997 no es solo una concesión hecha a los electores escoceses. Era entonces apoyada por muchos neoliberales, The Economist, por ejemplo. Formó parte de toda una ola de creación de asambleas democráticas: la nueva municipalidad de Londres, también el Parlamento europeo, que supuestamente daban una ilusión de la democracia cuando el neoliberalismo recortaba cada vez más el margen de decisión de los electos. Bien porque las instituciones privatizadas escapaban a su competencia, o porque el verdadero poder estaba concentrado en instituciones centrales no elegidas, la Comisión Europea, el FMI, la OMC,...La nueva ciudadanía permitía a partir de ahí a los ciudadanos elegir qué servicios públicos serían suprimidos en primer lugar, si la salud pública o la escuela debería ser privatizada una antes que la otra.

Si el No tiene una victoria raspada, la variante de la DévoMax (Dévolution máximum) se convertirá en una buena solución para la clase dominante británica: conceder aún más competencias al parlamento escocés, incluso un verdadero federalismo, con tal de que la integridad esencial del estado británico sea preservada en la defensa, la diplomacia, y las decisiones económicas clave.

Actualmente el gobierno escocés puede echar la culpa de las decisiones impopulares a Londres y no responsabilizarse del daño de la política neoliberal.

No hay que hacerse muchas ilusiones sobre las posibilidades de una Escocia independiente para escapar a las presiones del capitalismo mundial. Pero es la lucha por el Sí la que encarna la voluntad de una gran masa de asalariados escoceses de decidir verdaderamente de forma democrática, eligiendo gobernantes que no podrán excusarse diciendo que, desgraciadamente, es la competencia de Londres. En las condiciones actuales, el autogobierno de Escocia por los escoceses abre un espacio político para la izquierda anticapitalista.

Si el No triunfa, habrá una crisis en el SNP, pues muchos miembros y electores han tragado muchas culebras conservadoras para hacer el Sí más aceptable a la opinión burguesa: conservar la monarquía, adherirse a la OTAN, mantener la libra esterlina, etc.

¿Pero no hay un grupo dominante capitalista indígena en Escocia?

Ya no verdaderamente. Había en Glasgow una gran burguesía, propietaria de los astilleros y de la industria pesada que habían hecho su gloria imperial. Todo eso ha desaparecido por entero. Han vendido y se han ido.

La industria escocesa pertenece a un pequeño grupo de multinacionales, de los Estados Unidos, o japonesas o británicas, cuyos propietarios viven en Londres o Nueva York o en otras partes.

Que Escocia sea independiente o esté en el Reino Unido, es algo que a las multinacionales les trae bastante sin cuidado.

Hay una clase escocesa de capitalistas pequeños y medios. Apoya al SNP y la independencia. E incluso personalidades capitalistas tan reaccionarias como Sir Brian Souter de los autobuses Stagecoach o Sr George Mathewson, antiguo patrón de la RBS, apoyan la independencia.

¿Cuáles son las principales tareas que le dais a vuestro movimiento a corto plazo?

Participamos en las luchas, y en particular en la lucha contra los fascistas de la Scottish Defense League, que sale a la calle cantando su racismo, haciendo el saludo nazi y enarbolando la bandera de Amanecer Dorado para atacar a los inmigrantes, particularmente a los musulmanes.

También desarrollamos un trabajo de clarificación política y teórica, tras nuestra salida del SWP. Acabamos de publicar el primer número de nuestra revista rs21. Y trabajamos para atraer a la gente a implicarse no solo en movimientos particulares y frentes únicos, sino a participar en la construcción de una organización política.

2/09/2014

http://alencontre.org/europe/ecosse-referendum-du-18-septembre-la-campagne-pour-le-non-sest-calee-sur-la-britishness-la-plus-reactionnaire.html

Neil Davidson recibió en 2003 en Londres el Premio Isaac y Tamara Deutscher por su libro Discovering the Scottish Revolution, 1692-1746 (Pluto Press, London 2003) –compartido con Benno Tetschke premiado por su libro The Myth of 1648: Class, Geopolitics and the Making of Modern International Relations (Verso, London, 2003). Enseña historia en la universidad de Glasgow. Publicó en 2012, en Haymarket, How Revolutionary Were the Bourgeois Revolutions? Es uno de los numerosos militantes que salieron del SWP en 2013 y fundaron recientemente Revolutionary Socialism21 y, en Escocia, International Socialists Scotland (www.isscotland.org).

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

+ Info:

Gobierno escocés presenta cronograma de proceso independentista. 6/2/2013

Why we need independence and socialism. Independence special 1, SSP. "The British state is a major roadblock to winning a progressive vision of Scotland and a Yes vote for independence can bulldoze it aside and open the way to radical change. That’s why we will fully support the Yes campaign and a Yes vote to open the way for a modern democratic republic which can make Scotland a country based on peace, equality and justice for all. A vision worth fighting for."

Euskal Herria: Las nacionalidades y sus derechos. Ramón Zallo

Escòcia 2014. Per què l’esquerra hauria de donar suport a la independència? Alan McCombes, Andy Bowden

Scotland’s left on independence referendum: For an ’anti-austerity yes vote’. Andy Bowden (Scottish Socialist Youth), Chris Bambery (International Socialist Group), Scottish Greens

Scots should opt for independence. Keir McKechnie, Socialist Worker 2286, 21/1/2012


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