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dissabte 24 de març de 2012 | Manuel
Elecciones presidenciales en Francia. Méritos y límites del Frente de Izquierdas

LCR-Bélgica

El formidable éxito de la manifestación, que transcurrió desde la Plaza de Nación a la de la Bastilla, del Frente de Izquierdas el pasado 18 de marzo en París, y los progresos de Jean-Luc Mélenchon en los sondeos muestran que una amplia corriente en la sociedad francesa quiere a la vez derrotar a Sarkozy y abrir el camino a una alternativa de izquierdas digna de ese nombre. Millones de personas siguen traumatizadas por la terrible decepción de la Unión de la Izquierda en 1981-82 y se niegan a ser engañadas de nuevo por el social-liberalismo. La desconfianza es tanto más viva en la medida en que Hollande pone las cartas sobre la mesa: no solo su programa (contrariamente al de Mitterrand en 1981) no implica ni la sombra de una ruptura con el neoliberalismo sino que, además, el candidato del PS ha ido a Londres el 29 de febrero para tranquilizar a los financieros de la City. Su actitud está en completa contradicción con la necesidad objetiva de respuestas anticapitalistas para hacer frente a la crisis, al paro, a los cierres de empresas y a la dictadura de los mercados financieros.

La iniciativa arraiga

En este contexto, el Frente de Izquierdas aparece cada vez más como un voto útil en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, un voto radical que será como una piedra en el zapato de Hollande en la segunda vuelta (y después, si gana las elecciones). Esto se nota en la dinámica de la campaña, la afluencia a los mitines, el ambiente combativo que reina en ellos, la audiencia de las emisiones televisadas en las que aparece Jean-Luc Mélenchon, etc. La movilización de la militancia del Partido Comunista Francés ciertamente tiene mucho que ver en esto: incluso si mordió el polvo en las elecciones de 2007, el PCF sigue siendo un partido de masas. Primero reticentes y divididos frente a Jean-Luc Mélenchon, los comunistas comprendieron que el ex ministro de Mitterrand, aún imponiéndose a ellos como líder y portavoz, les daba una posibilidad de salir del aislamiento y del declive. A partir de ahí, se han sumado a su campaña con cada vez más entusiasmo. “Con Mélenchon, la segunda juventud de los militantes comunistas”, titulaba recientemente Le Monde /1.

Esta alianza del PCF no es por supuesto la única explicación de la subida del Frente de Izquierdas. Otro elemento es la presión en favor de la unidad a la izquierda del PS. Es tanto más fuerte en la medida que la influencia del Frente Nacional sobre el electorado popular inquieta (con razón) y que la correlación de fuerzas sociales es mala, con luchas defensivas que desembocan muy raramente en (medias) victorias. Sin embargo, el Frente de Izquierdas encarna a la vez una línea radical contra Marine Le Pen y la unidad de la izquierda -puesto que reagrupa al Partido de Izquierdas, el PCF, FASE, los Alternativos e Izquierda Unitaria /2. Además, el FdI se beneficia de las cualidades como polemista y para debatir de su candidato, JL Mélenchon, que maneja de maravilla los símbolos a los que el “pueblo de izquierdas” es sensible. Resultado: la mayonesa está ligando. Cada vez más simples ciudadanos y ciudadanas, particularmente jóvenes, se suman a la campaña y quieren convertirse en miembros del frente o de sus componentes.

Acentos patrióticos

Todo esto es indiscutiblemente positivo. Al mismo tiempo, no hay que ocultarlo: el proyecto político y el programa merecen que se debatan. ¿Qué quiere exactamente el Frente de Izquierdas? La pregunta se plantea muy en particular hoy, pues el discurso de JL Mélenchon en La Bastilla estaba muy desfasado respecto a la crisis social y las reivindicaciones inmediatas. De una parte, ha denunciado las desigualdades entre mujeres y hombres, prometido inscribir el derecho al aborto en la constitución, “borrar la deuda ecológica”, dar la nacionalidad francesa a todo niño nacido en Francia, anunciado la prohibición de patentado de lo vivo... ¡Bravo! Pero de otra parte no ha dicho ni una palabra de las jubilaciones, de la deuda, del empleo, de los bancos... Increíble pero cierto: palabras de referencia como “capitalismo”, “crisis”, “austeridad”, “neoliberalismo”, “izquierda”, “derecha”, “finanzas”, “trabajador-trabajadora”, “clase obrera”, “socialismo”... no han sido pronunciadas ni una sola vez. Por el contrario, en veinte minutos, el orador ha dicho once veces “Francia”, veintitrés “pueblo”, cinco veces “república”, tres veces “patria”... Ha hablado mucho de “revolución” y de “insurrección”, pero no hay que engañarse: se trata de una “revolución/insurrección en las urnas”, en favor de un cambio de régimen, no de una revolución social /3.

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melenchon

Aunque no guste a los admiradores de JL Mélenchon, el tono de este discurso era gaullista y su contenido patriótico, llegando a rozar el chauvinismo. Parece que el internacionalismo, para el portavoz del Frente de Izquierdas, es la Francia ilustrada que muestra -en la cabina electoral- el camino a Europa, e incluso al resto del mundo admirativo: “Abrid con vuestros votos la brecha que espera toda Europa de su volcán francés”. “Allí donde se habla francés, se sueña francés, se espera de nosotros este gran movimiento que no solo nos liberará a nosotros”. De paso, el orador no deja, por otra parte, de reafirmar que Polinesia, Wallis-et-Futuna, así como Nueva Caledonia son “tierras francesas”... ¡igual que Alsacia y Lorena!. Su denuncia del odio contra los inmigrantes (pero no ha pronunciado la palabra “racismo”) y su llamamiento a la fraternidad con las personas de origen arabo-musulmán son evidentemente positivos...pero ¿por qué se cree obligado a incluirles en la afirmación, de relente nostálgico, de que Francia y los países del Magreb serían “una única nación”?

Mélenchon ambiguo

Es curioso que, precisamente cuando había reunido en la plaza de la Bastilla la gran multitud de quienes esperan ante todo una alternativa a la crisis, JL Mélenchon ha optado por revelar el lado más ambiguo de su personaje político. Pues ambiguo, lo es, y no desde ayer. Mélenchon fue ministro de Mitterrand y de Jospin. En tanto que portavoz del Frente de Izquierdas, denuncia la presencia francesa en Afganistán... que aprobó en 2001, como ministro. Todo el mundo puede cambiar, cierto. Pero estos últimos años, JL Mélenchon ha apoyado la política de China en el Tíbet /4, apoyado una intervención militar de la ONU en Libia /5, defendido al periodista misógino e islamofobo Eric Zemmour, amigo personal al que considera un “brillante intelectual” culpable de simples deslices verbales /6 y, accesoriamente, abogado por la integración de Valonia y de Bruselas en la gran nación francesa /7.

Mélenchon denuncia el imperialismo estadounidense, defiende la retirada de la OTAN, pero no es ni antiimperialista ni antimilitarista. Cuando se le pregunta lo que piensa de la actitud de Nicolas Sarkozy en el asunto libio, responde: “la política realizada es conforme al interés de Francia -estar ligada con el mundo magrebí” /8. Cuando Eva Joly [candidata "verde"] propone suprimir el desfile militar del 14 de julio, en el verano de 2011, se enfada declarando que el pueblo francés “no tiene que tener vergüenza de (su) ejército, de (su) orgullo nacional”. Los pueblos coloniales que han debido luchar contra la soldadesca tricolor para liberarse sabrán apreciarlo sin duda.... Aboga incluso por “un desfile militar y ciudadano, para mostrar a las finanzas internacionales que aquí hay un pueblo que no se dejará dominar”, y enviar “un mensaje a las agencias de calificación: aquí no estamos en Grecia” /9. Y añadir, en un tono de superioridad: “los franceses no se dejarán robar como griegos”!... /10

¿Revolución ciudadana o lucha de clases?

¿Fue porque la manifestación del 18 de marzo era una “marcha por la VI República” por lo que JL Mélenchon hizo un discurso tan institucional y patriota? Quizás.... Pero hay una concepción estratégica detrás de esta decisión: la idea de que el cambio comienza en las urnas y se ampliará por “la implicación ciudadana” en favor de otra Constitución -lo que no es lo mismo que la lucha social. Sin embargo, el programa del Frente de Izquierdas contiene una serie de reivindicaciones democráticas, sociales, económicas y ecológicas válidas e importantes, algunas de las cuales implican una ruptura neta con el neoliberalismo (el agua y la energía como bienes comunes, por ejemplo). No vamos a hacer aquí la lista porque sería pesado. Se pueden discutir algunas de esas demandas, señalar carencias aquí o allá. Por ejemplo: el programa no se pronuncia sobre la duración de la cotización para la jubilación a 37,5 anualidades y no asume las demandas de auditoría sobre la deuda, anulación de las deudas ilegítimas, etc. Pero numerosas reivindicaciones van en la buena dirección. La pregunta es: ¿cómo imponerlas, si no es apoyándose en la lucha social, en las empresas?

De hecho, en el programa del Frente de Izquierdas, la lucha de clases por las reivindicaciones está eclipsada por las fórmulas rimbombantes sobre la “revolución ciudadana”, “la insurrección cívica” y “la implicación popular”. Entonces se plantea la siguiente pregunta: ¿en qué medida se trata de un programa anticapitalista? La respuesta no es tan evidente como se podría pensar según el número de veces que Mélenchon pronuncia la palabra “revolución”. Es lo que revela esta sorprendente frasecita en la que hace como si las empresas y los asalariados tuvieran intereses comunes frente a las finanzas: “No es a los mercados a los que hay que tranquilizar, es a los productores, es decir, a las empresas y los asalariados” /11. Esta cita, firma un programa antineoliberal, no anticapitalista. Un programa construido sobre la ilusión de una muralla china entre el capital financiero y el capital industrial.

Finanzas y energía: ¿qué control público?

Por simplificar, se puede decir que un plan para salir de la crisis social sin provocar una catástrofe medioambiental incontrolable necesita la doble nacionalización del crédito y de la energía, sin indemnización ni compra a los grandes accionistas. Es la condición necesaria para disponer de los instrumentos indispensables para la puesta en práctica de una transición racional hacia una economía descentralizada basada exclusivamente en las energías renovables y en una agricultura orgánica de proximidad. Esta condición no es sin embargo suficiente: de una parte el plan en cuestión no puede ser pensado y realizado válidamente más que a nivel europeo (al menos); de otra parte debe acompañarse de una disminución del volumen global de la producción material y de los transportes, lo que implica en particular: el abandono de las producciones inútiles y nocivas, una relocalización de las producciones y la reducción radical del tiempo de trabajo sin pérdida de salario, con contratación proporcional y con bajada sensible de los ritmos de trabajo.

El programa del Frente de Izquierdas no evita estas cuestiones, pero en nuestra opinión las respuestas que plantea tienen lagunas y son insuficientes. Un ejemplo bastante llamativo de laguna es el silencio absoluto sobre la industria del armamento -una producción energívora y nociva como pocas, cuya supresión se impone en el marco de la “planificación ecológica” demandada por el FdI... En el mismo orden de ideas, recordemos que la salida de lo nuclear no aparece en el programa del FdI -el PCF no está de acuerdo. Más fundamentalmente, el FdI deja sin precisar la cuestión clave de la indemnización o de la compra, y no se pronuncia más que por una puesta bajo control público parcial, tanto del crédito como de la energía.

¿Quo vadis, Frente de Izquierdas?

¿Qué concluir de todo esto? Que el FdI es una fuerza intermedia entre el social-liberalismo y el anticapitalismo, que rompe en ciertos puntos con la lógica del sistema pero no es internacionalista. Su aparición y su éxito expresan la radicalización de capas importantes de la población y la profundidad de la desconfianza haca la socialdemocracia. ¿En qué sentido evolucionará? En última instancia, la respuesta dependerá de la evolución de la conciencia de clase frente a la crisis sistémica del capitalismo.

Estos últimos meses, se ha producido una evolución positiva: no solo JL Mélenchon ha expresado su negativa a participar en un eventual gobierno Hollande, sino que además el PCF -cuya supervivencia parlamentaria depende del PS, igual que la de los Verdes- ha llegado a subir el nivel de sus condiciones para una tal participación. Es sin duda alguna producto del desarrollo de los acontecimientos en Europa desde 2008, que han echado una luz cruel sobre las graves consecuencias de la integración de la socialdemocracia en la gestión neoliberal (en Grecia, en Portugal, y antes en Alemania y en Gran Bretaña). Pero nada está decidido, será preciso esperar a ver qué ocurre después de la segunda vuelta electoral para ver si esta tendencia se confirma o si las viejas costumbres vuelven a imperar.

Algunos, en la izquierda radical belga, se descubren de repente como adeptos de Mélenchon. ¿Para cabalgar la ola? Por nuestra parte, preferimos decir sobriamente nuestra opinión. A quienes en Bélgica miran con esperanzas hacia el Frente de Izquierdas, les aconsejamos ir con tiento. Hacer un copiar-pegar de esta experiencia sería ignorar las diferencias muy importantes existentes entre nuestro país y el hexágono, tanto desde el punto de vista del sistema electoral-mediático (las presidenciales, la igualdad del tiempo de palabra) como de la formación social (el peso del sindicalismo, los pilares) y de las referencias político-históricas del “pueblo de izquierdas” (1789 y 1793, el República, la Comuna, 1936, …).

El Frente de Izquierdas prueba que es posible construir una fuerza política nueva a la izquierda de la socialdemocracia y de los Verdes, de reunir en ella una serie de formaciones existentes y de crear una dinámica más amplia, que atraiga a muchas otras personas que buscan una alternativa. Es una lección muy importante y positiva, una experiencia a estudiar. No más. Por lo demás, se trata de inventar nosotros mismos las vías y los medios de la alternativa de la que tenemos necesidad en nuestro país. Sin remedar un programa que, tal como es ahora, no puede satisfacer a anticapitalistas consecuentes.

El NPA en dificultades

El NPA no forma parte del Frente de Izquierdas y presenta otro candidato: Philippe Poutou -el único obrero presente en esta campaña en la que todos los candidatos se disputan el voto de los obreros. La política del NPA hacia el FdI es objeto de un debate, particularmente en el seno del partido. Es posible que el NPA hiciera un error en las elecciones europeas de 2009. Quizás hubiera debido, en ese momento, concluir un acuerdo electoral y compartir las circunscripciones con el Frente de Izquierdas. Pero no era fácil. Primero porque el NPA mismo acababa de lanzarse y estaba enteramente ocupado en estructurarse y darse a conocer: fue cogido a contrapié. Luego porque JL Mélenchon, al abandonar el PS, expresó desde el primer momento su intención de llegar a un acuerdo de forma prioritaria con el PCF... contra el NPA (al que atacó de malas maneras luego cuando el asunto de la “candidata con velo”, Ilham Moussaid, en nombre de una concepción supuestamente laicista de la República que forma parte de su perfil patriotero).

De todas formas, lo que está hecho está hecho. Hoy, no es un secreto para nadie que el NPA atraviesa una fase difícil. Pero presenta una alternativa anticapitalista e internacionalista, y su estrategia para después de las elecciones está clara: la unidad en las luchas contra la austeridad que continuará, esté Sarkozy o esté Hollande; la unidad por encima de las fronteras, por una Europa diferente; la unidad para la construcción de una alternativa política a la izquierda del PS y de los Verdes, sobre bases radicales. Esto implicará inevitablemente debates y clarificaciones, tanto en el seno del NPA como con el Frente de Izquierdas. El resultado de Philippe Poutou tendrá su peso. Le deseamos buena suerte.

22/03/2012

Font: Viento Sur 23/3/2012

Font original:www.lcr-lagauche.be

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ Le Monde 15/03/2012.

2/ El Partido de Izquierdas es el partido fundado por JL Mélenchon a su salida del PS. El PCF ya es conocido. FASE es la Federación por una Alternativa Social y Ecológica, cuya portavoz de Clémentine Autain. Los Alternativos encuentran su origen en el ex-PSU de Michel Rocard. Izquierda Unitaria era una tendencia de la LCR, que abandonó el NPA tras su creación para sumarse al FdI.

3/ El discurso íntegro aquí

4/ http://www.youtube.com/watch?v=ZMGdoLeJK9g

5/ Entrevista en Libération aquí

6/ http://www.dailymotion.com/video/xcqxwn_melenchon-invite-de-17h-politique-s_news?start=71#from=embed

7/ En su libro-programa, “Qu’ils s’en aillent tous !”.

8/ Libération, op.cit.

9/ http://www.dailymotion.com/video/xjyylq_jean-luc-melenchon-autour-du-defile-du-14-juillet_news

10/ Entrevista en I-Télé le 18 août 2011.

11/ Les Quatre vérités sur France 2, 11/08/2011

+ Info:

Comunicat del Nou Partit Anticapitalista. L’obrer, finalment candidat… NPA

A left-wing surge in France. Lee Sustar. "In the view of the NPA, Mélenchon and Hollande are both "social liberals" who seek to create a mixed electoral base of workers and the middle class to further the neoliberal capitalist agenda. Certainly, there can be no argument that the Socialist Party is a mainstream governmental party that reliably serves the interests of capital. But treating Mélenchon the same way as Hollande ignores the fact that Mélenchon was responding to pressure from working-class voters when he broke with the Socialists. He’s risen in the polls precisely because he’s given voice to the anger of French workers."

La nueva América Latina como principal fuente de inspiración. Las elecciones presidenciales en Francia y la emergencia del Frente de Izquierda. Salim Lamrani


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